Luisa y Andy, el dúo dinástico que deja Morena peor de lo que la encontró
Luisa Alcalde deja la dirigencia de Morena; Andy López Beltrán queda fuera del presidium
CDMX.- En el Congreso Nacional de Morena, Luisa María Alcalde se despidió este fin de semana de la dirigencia nacional con un discurso previsible: “fue un honor servir al proyecto”, vivas a AMLO, a Claudia Sheinbaum y al partido. Mientras tanto, Andrés Manuel López Beltrán (“Andy”), secretario de Organización e hijo del expresidente, reapareció en el evento pero quedó fuera del presidium principal —encabezado por Alfonso Durazo, Citlalli Hernández y la propia Alcalde— y no ocultó su gesto de disgusto cuando la nueva presidenta, Ariadna Montiel, anunció el reparto de 30 millones de ejemplares del periódico Regeneración.
Alcalde llegó al cargo en octubre de 2024 y reporta haber crecido el padrón de militantes de 2.5 a 12.5 millones, creado 71 mil comités y entregado más de 6 millones de credenciales. Cifras que suenan imponentes en papel, pero que contrastan con la realidad de un partido cada vez más identificado con escándalos de narco-acusaciones (caso Rubén Rocha Moya incluido), nepotismo descarado y una gestión que priorizó lealtades familiares sobre resultados tangibles.
La dupla Luisa-Andy encarnó el peor vicio de Morena en esta etapa: el familismo disfrazado de transformación. Una secretaria de Gobernación convertida en presidenta del partido y el hijo del fundador como operador territorial. ¿Resultado? Un partido que se volvió maquinaria de propaganda (ahora con millones de periódicos en papel, en plena era digital y crisis presupuestal) mientras evade responsabilidades reales. Andy, criticado por ausencias prolongadas, viajes lujosos y bajo perfil operativo, simboliza el “hijo de” que incomoda incluso dentro de su propia casa. Su exclusión del presidium no es casualidad: es señal de que, incluso en Morena, el nepotismo ya genera rechazo interno.
Su paso por la dirigencia fue un fracaso político disfrazado de lealtad. Crecieron en militantes de papel, sí, pero perdieron credibilidad ante la sociedad por proteger a cuestionados, negar realidades incómodas y convertir al partido en un club de elogios mutuos mientras el país lidia con violencia, economía tambaleante y desconfianza. Pasan a otros cargos en el gobierno (Alcalde a la Consejería Jurídica) como si nada. Cambio de trinchera, misma causa: blindaje y continuidad del clan.
Morena sale de esta renovación más expuesta que nunca: un partido que premia la cercanía al poder familiar por encima de la competencia real. Luisa y Andy no fueron la solución; fueron el síntoma de un proyecto que se pudre desde dentro.



