EU.- Ocho meses después de su captura en Caracas, el 3 de enero de 2026, Nicolás Maduro reapareció este domingo con dos fotos tomadas el 25 de junio en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn. Aparece más delgado, de chándal gris, haciendo la “V” y sonriendo, con un mensaje de “estamos firmes” dirigido a nietos y fieles. No las publicó él desde una celda con internet —no lo tiene—, sino su entorno. El juicio por narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína y armas está fijado para el 1 de junio de 2027; él y Cilia Flores se declararon inocentes.
La imagen es propaganda de bajo costo. Mientras Maduro ensaya serenidad, Delcy Rodríguez administra lo que queda del aparato chavista bajo presión de Washington y Venezuela arrastra años de colapso, éxodo masivo y una economía destrozada. La foto no borra el expediente que lo trajo hasta Nueva York ni el saldo de su gobierno: instituciones vaciadas, oposición perseguida y un país convertido en fábrica de refugiados. La “victoria” con los dedos no es fuerza; es el último gesto de quien ya no manda.
Llamarlo “regalo de amor y esperanza” es una burla a quienes pagaron el precio de su poder. Si las fotos buscan reescribirlo como preso político, el dato es otro: está procesado en un tribunal federal, no en un mitin. El dictador depuesto ya no decide el destino de Venezuela; solo espera juicio. Y ninguna pose en Brooklyn cambia eso.





