EU.- Derek Maltz, quien fue administrador interino de la DEA entre enero y mayo de 2025, volvió a señalar lo que ya ha dicho en múltiples entrevistas desde al menos 2023: los cárteles mexicanos dependen del suministro de precursores químicos desde Asia —principalmente redes chinas— y de los servicios de lavado que esas mismas redes ofrecen para fabricar drogas sintéticas. Sin ese flujo, según él, la producción se vuelve inviable. También insistió en que Estados Unidos debe atacar con más fuerza ese tráfico químico y el lavado, además de reforzar campañas educativas y la atención a adicciones.
El planteamiento no es falso: la producción de fentanilo y metanfetamina en México sí se sostiene con precursores y preprecursores que llegan principalmente de China, y las redes chinas participan en el lavado de dinero de los cárteles. Maltz, veterano de 28 años en la DEA y con participación en operaciones contra el Cártel de Sinaloa, ha mantenido este diagnóstico de manera constante. Sin embargo, convertirlo en el eje central de la explicación omite que la síntesis, el control territorial, la corrupción y el tránsito ocurren en suelo mexicano, donde los cárteles operan con capacidad industrial que no se explica solo por la importación de insumos.
Repetir el mismo argumento años después, sin que haya cambiado de fondo la capacidad de los grupos mexicanos para producir y distribuir, suena más a diagnóstico conocido que a novedad. La educación y la salud mental son necesarias, pero resultan secundarias frente a la persistencia de laboratorios, rutas y redes de protección que permiten que esos químicos se conviertan en producto final. El problema no se resuelve solo cortando el grifo desde Asia si del lado mexicano la producción y el tráfico siguen encontrando las condiciones para operar.





