Baja California.- Pescadores de la embarcación God First salieron a buscar marlín frente a Ensenada y se toparon, el 15 de septiembre, con un cilindro a la deriva a más de 39 kilómetros de la costa. Lo que primero confundieron con sargazo era un torpedo de prácticas de la Armada de Estados Unidos, inerte, sin carga explosiva, extraviado el 2 de septiembre durante un ejercicio a unas 18 millas náuticas al oeste de la Isla San Clemente, California. La Secretaría de Marina lo recuperó, confirmó su origen con la Agregaduría de Defensa estadounidense y, días después, lo devolvió por conducto del comandante de la Segunda Zona Naval.
Las corrientes y el mal tiempo hicieron el resto: el sistema de localización se quedó sin batería y el artefacto cruzó hacia la zona económica exclusiva mexicana. No hubo explosión ni víctimas, pero el episodio deja al descubierto lo precario del control cuando un país lanza munición de entrenamiento cerca de aguas ajenas y luego no la recupera a tiempo. La Marina mexicana actuó con profesionalismo; los pescadores, con más sentido común que alarma. Lo que no aparece en el comunicado es una explicación pública de por qué un ejercicio naval de esa magnitud pierde un dispositivo recuperable y termina dependiendo de terceros para no convertirlo en un incidente diplomático.
La devolución fue rápida y silenciosa. Cabe preguntarse qué habría ocurrido si el objeto, o uno similar, hubiera aparecido a la inversa: un artefacto mexicano a la deriva frente a San Diego. La respuesta, por experiencia, no suele ser la misma cortesía. Mientras tanto, el torpedo ya viaja de regreso. México cumplió. Estados Unidos, esta vez, solo tuvo que recoger lo que las corrientes y unos pescadores le devolvieron.
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