Maru Campos y la CIA en Chihuahua: ¿traición a la patria o excusa barata para tapar la narcoimpotencia federal?
¡Escándalo de traición! Senado morenista cita a Maru Campos por meter a la CIA a cazar narcos en Chihuahua
CDMX.- Este miércoles, la Comisión de Puntos Constitucionales del Senado aprobó —con 15 votos a favor y solo uno en contra— invitar a comparecer a la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos Galván (Maru Campos), y al fiscal César Jáuregui el próximo 28 de abril. El pretexto: aclarar la muerte de dos estadounidenses presuntamente vinculados a operaciones contra el crimen organizado en territorio chihuahuense, a quienes Morena y sus aliados acusan de ser agentes de la CIA actuando sin autorización federal.
La reacción de la 4T no se hizo esperar: gritos de “traición a la patria”, violación al artículo 76 constitucional (que regula la presencia de fuerzas armadas extranjeras) y reclamos de soberanía herida. El senador Ricardo Anaya respondió con sarcasmo: “Que venga Maru, estamos orgullosos… pero el problema es federal. Si miden con la misma vara, que comparezcan también los gobernadores de Morena por sus narcolaboratorios y vínculos”.
El doble rasero que huele a podrido
Aquí viene la parte que duele y que nadie en Palacio quiere reconocer: el gobierno federal lleva años presumiendo “abrazos, no balazos” mientras el cártel de Sinaloa y otros grupos se expanden con impunidad. La captura o muerte de capos importantes suele ocurrir gracias a inteligencia y operaciones estadounidenses, muchas veces sin que la Secretaría de Seguridad o la Presidencia se enteren hasta el último momento (recordemos el caso “El Mayo” Zambada o detenciones de alto perfil). Ahora, de repente, dos muertos en Chihuahua desatan una crisis de soberanía.
Omar García Harfuch, secretario de Seguridad, salió a decir que “con el Gabinete de Seguridad federal nunca ha habido agentes extranjeros operando en campo”. Suena contundente… hasta que uno recuerda que la misma narrativa se usó en operativos pasados donde la DEA o inteligencia gringa jugaron roles clave. La hipocresía es evidente: cuando les conviene, callan; cuando es oposición (y en un estado panista), montan circo en el Senado.
Colosio Riojas (MC) fue de los pocos que puso cordura jurídica: el Senado no tiene facultades para “llamar a cuentas” a una gobernadora; ella rinde cuentas a su pueblo, no al Congreso federal dominado por Morena. El resto fue puro teatro político. PAN defiende a Maru; Morena huele sangre y quiere exhibirla. Mientras tanto, los mexicanos seguimos enterrando muertos por violencia que ni Sheinbaum ni sus antecesores han podido (o querido) frenar de verdad.
Contexto real, sin filtros
México no es un país soberano en materia de seguridad contra el narco desde hace décadas. Los cárteles controlan territorios enteros, generan más ingresos que muchas industrias legales y corrompen instituciones a todos los niveles. La cooperación con EE.UU. es inevitable, pero también riesgosa: a veces salva vidas y desmantela laboratorios; otras, genera fricciones diplomáticas que la 4T aprovecha para victimizarse.
Maru Campos no es santa. Su administración ha sido acusada de opacidad y excesos. Pero convertir un operativo (con muertos gringos incluidos) en prueba de traición, mientras gobernadores morenistas cargan con señalamientos graves de narco-infiltración, es cinismo puro. El problema no es solo Chihuahua: es un Estado mexicano fallido en seguridad, donde la soberanía se negocia día con día entre cárteles, gringos y un gobierno federal más preocupado por el relato que por resultados.
La cita del 28 de abril será otro round de circo legislativo. Maru probablemente no irá, o irá con abogados y argumentos constitucionales. Al final, lo que queda es claro: mientras Morena y oposición se rasguñan por puntos políticos, los cárteles siguen mandando en la sierra, los muertos se acumulan y la “soberanía” se convierte en un eslogan vacío que nadie se cree.
El pueblo de Chihuahua decidirá si Maru actuó bien o mal. El Senado de la República, dominado por la 4T, solo quiere un espectáculo barato. Y los mexicanos, como siempre, pagamos la cuenta con sangre y frustración.



