México ya no es una democracia, afirma instituto sueco que evalúa el estado de los gobiernos democráticos
El gobierno mantiene un discurso de “democracia participativa” y “transformación”, pero el diagnóstico internacional es inequívoco: la democracia en México se ha derrumbado.
CDMX.— México ya no es una democracia. Así de claro y contundente lo establece el Informe de Democracia 2026 del Instituto V-Dem, que desde 2024 clasifica al país como una autocracia electoral. Esto implica que, aunque se mantienen elecciones formales, el sistema ha perdido las condiciones esenciales de competencia genuina, independencia institucional y libertades que definen una democracia real. Países como India, Perú, Hungría, Serbia y Senegal —a pesar de sus propias limitaciones— presentan hoy niveles democráticos superiores a los de México.
El V-Dem, instituto sueco de referencia mundial, evalúa más de 600 indicadores con la participación de miles de expertos internacionales. México cae en la categoría de autocracias electorales, junto a regímenes donde el poder se concentra en el ejecutivo y las instituciones quedan subordinadas al partido en el gobierno. El reporte describe el caso mexicano como un ejemplo singular de autocratización impulsada desde la izquierda en el marco de la llamada “tercera ola” política.
El punto de quiebre se ubica en la elección de 2018 de Andrés Manuel López Obrador.Desde entonces, Morena ha consolidado el control del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo, y ha impulsado reformas que politizan el Poder Judicial a través de la elección popular de jueces y magistrados. Lejos de fortalecer la democracia, este cambio concentra aún más el poder en el oficialismo y destruye la separación de poderes, uno de los pilares fundamentales de cualquier sistema democrático.
El deterioro va mucho más allá de lo electoral. Los indicadores más críticos muestran un retroceso acelerado en libertad de expresión. México aparece entre los principales infractores de la última década —junto a Hong Kong, Myanmar y Togo— por los esfuerzos gubernamentales para censurar medios de comunicación y silenciar voces críticas. Esta es la “primera ficha del dominó” que cae en todo proceso de autocratización: cuando la prensa y la sociedad civil pierden capacidad de fiscalización, el control se vuelve prácticamente absoluto.
El gobierno mantiene un discurso de “democracia participativa” y “transformación”, pero el diagnóstico internacional es inequívoco: la democracia en México se ha derrumbado. Celebrar elecciones no es suficiente. Sin contrapesos reales, sin independencia judicial, sin prensa libre y sin pluralismo efectivo, lo que queda es una fachada autocrática. La presidenta Claudia Sheinbaum no inició este proceso; lo consolida y lo profundiza como continuación directa del desmantelamiento institucional acelerado en el sexenio anterior.
En el panorama global, el mundo atraviesa una “epidemia de autocratización”: más países retroceden que avanzan, las autocracias ya superan en número a las democracias y el nivel promedio de democracia mundial ha regresado al de 1978. México no es un caso aislado, pero sí uno de los más graves por su tamaño, su peso regional y la velocidad del colapso.
Como advierte el propio V-Dem: cuando una democracia comienza a autocratizarse, es mucho más probable que termine colapsando por completo que logre revertir el rumbo. Negar esta realidad o minimizarla solo acelera la consolidación de un régimen donde el poder se ejerce sin límites reales ni rendición de cuentas efectiva. México ya no es una democracia.



