CDMX.- Este 6 de noviembre, la comparecencia de David Kershenobich (Secretaría de Salud), Zoé Robledo (IMSS), Martí Batres (ISSSTE) y Alejandro Svarch (IMSS-Bienestar) ante las comisiones de la Cámara de Diputados, en el marco de la glosa del segundo informe de Claudia Sheinbaum, arrancó con el arrebato del micrófono. El diputado panista y médico Éctor Jaime Ramírez Barba se lo quitó al presidente de la Comisión de Salud, el morenista Pedro Zenteno, mientras gritaba que se trataba de una “comparecencia arreglada”. No era un desplante gratuito: la oposición denunció que el auditorio estaba lleno de funcionarios, personal uniformado y aplaudidores, que el formato impedía un verdadero interrogatorio y que se reducía a un acto partidista para proteger a los responsables del sector. Zenteno y Dolores Padierna respondieron con jaloneos, acusaciones de “actitud porril” y de querer “reventar” la sesión. Kershenobich, sentado al lado, se limitó a expresar su “extrañeza” y a insistir en que venían a informar resultados.
El trasfondo es más grave que el circo. Persiste el desabasto de medicamentos —especialmente en claves oncológicas, psiquiátricas y de uso cotidiano— pese a que el gobierno presume promedios de abasto superiores al 97 % en IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar. Reportes de pacientes, protestas de trabajadores y hasta datos del sistema militar (con surtimiento de recetas que ha caído a niveles del 56 % en el Hospital Central Militar) contradicen el relato oficial. La oposición señaló la reducción del catálogo de medicamentos y la incapacidad para garantizar tratamientos. Después del altercado, los panistas abandonaron temporalmente el recinto; más tarde hubo otro episodio de tensión cuando a Germán Martínez le entregaron un papel alusivo a la tragedia de la Guardería ABC. El poder legislativo, dominado por Morena, convirtió un ejercicio de control en un ritual de aplausos.
Lo ocurrido confirma que la rendición de cuentas en salud se ha reducido a teatro. Mientras los funcionarios presentan “avances” y planes de 120 días con inversiones anunciadas, millones de mexicanos siguen enfrentando recetas incompletas, esperas y abandono. Arrebatar un micrófono no resuelve el desastre, pero silenciar la crítica y llenar el auditorio de porristas solo demuestra que el oficialismo prefiere el control de la narrativa sobre enfrentar el colapso del sistema que administra.



