CDMX.- En medio del revuelo por las acusaciones contra Raúl Rocha Cantú, copropietario de la franquicia mexicana de Miss Universo, el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, soltó la bomba este domingo: no hay “ningún indicio” de que dinero del crimen organizado haya financiado el certamen de belleza. Rocha, empresario regiomontano que adquirió el 50% de los derechos en 2023 a través de Legacy Holding Group, enfrenta imputaciones graves de la Fiscalía General de la República (FGR) por huachicol, tráfico de armas y nexos con cárteles como la Unión Tepito y el Jalisco Nueva Generación. Según investigaciones reveladas, inyectó al menos cinco millones de pesos en una red que importaba combustible robado de Guatemala y EU, usando empresas fantasma para facturar y sobornando a agentes de la FGR con hasta dos millones por datos sensibles. Un juez federal ya giró 13 órdenes de aprehensión, pero Rocha evadió la suya acogido a un “criterio de oportunidad”, esa figura legal que huele a impunidad selectiva en México.
Harfuch, curtido en operativos contra el narco, insiste en que las pesquisas —coordinadas con la FGR y el Gabinete de Seguridad— no tocan el concurso en sí, que acaba de coronar a Fatima Bosch ( la representante de México) como su ganadora en Tailandia el 21 de noviembre. Es un intento de blindar la imagen del evento, que genera millones en turismo y patrocinios, pero genera escepticismo: ¿cómo separar al dueño imputado de sus activos? Las interceptaciones telefónicas lo pintan como “socio capitalista” de la trama, con ganancias millonarias del contrabando, y su empresa de seguridad privada, Valvón, ya está señalada por lavado para el CJNG. En un país donde el 80% de la gasolina robada se vende a redes criminales, según datos de la SSPC, esta desvinculación suena a cortina de humo.
El caso Rocha expone la porosidad entre glamour y crimen en México: un certamen que aspira a empoderar mujeres, pero con dueños bajo lupa por corrupción. Mientras Harfuch descarta nexos, la FGR sigue hurgando, y el público —en redes y calles— duda. Si no hay indicios, ¿por qué el silencio de Miss Universo? La verdad, como el huachicol, podría filtrarse tarde.



