CDMX.- Ricardo Monreal, coordinador de los diputados de Morena, volvió a sacar el discurso de siempre: pidió a los aspirantes a las coordinaciones estatales “privilegiar el diálogo”, actuar con “generosidad” y evitar confrontaciones que terminen en fracturas, rupturas o deserciones de cara a las elecciones de 2027. “Hay que cuidar mucho la unidad del movimiento”, advirtió, mientras el partido arranca la definición de perfiles para las 17 gubernaturas en disputa y las intermedias. El mensaje, difundido este martes, no es nuevo: lleva meses repitiéndolo, desde columnas y videos hasta declaraciones públicas.
Lo que Monreal presenta como prudencia suena más a diagnóstico de emergencia. En un partido que gobierna con holgura y presume de ser el movimiento hegemónico, el hecho de que su líder parlamentario tenga que salir a pedir calma y a recordar que las encuestas pueden cambiar cuando se conozcan los candidatos revela que las ambiciones personales ya están rayando el proyecto. Más de 130 aspirantes se perfilan en varios estados; las diferencias internas no se esconden. La historia reciente de las izquierdas mexicanas muestra que los llamados a la unidad suelen llegar cuando las grietas ya son visibles, no antes.
Al final, el discurso de Monreal no es más que un intento de ponerle freno a una dinámica que el propio Morena alimenta: un aparato que concentra poder y, al mismo tiempo, multiplica los pretendientes. Si la unidad solo se defiende a gritos cuando se acerca la repartición de candidaturas, entonces no es unidad: es miedo a que el movimiento se deshaga por dentro antes de enfrentar a la oposición.
Discusión sobre este post
Sin posts



