CDMX.- Ariadna Montiel, presidenta nacional de Morena desde mayo, dijo en entrevista con SinEmbargo que si el Partido del Trabajo toma “su propia ruta” en 2027, pero se mantiene como fuerza de izquierda, “podrían volver a encontrarse” más adelante. La frase suena fraterna. El calendario no: llega un día después de que la Comisión Ejecutiva del PT desmintiera en público a la propia Montiel y acusara a Morena de incumplir lo pactado en la mesa de coalición: una encuesta propia del guinda y, después, una medición científica que incluyera perfiles petistas y del Verde. Según el PT, esa segunda encuesta no se ha hecho; las designaciones de coordinadores estatales —eufemismo de precandidatos a gobernador— salen de sondeos unilaterales de Morena.
El choque no es de discurso. Alberto Anaya ya apartó al PT del ritual de anuncios morenistas y dejó el futuro de la alianza para un Consejo Nacional, previsto en octubre. Dirigentes petistas han hablado de “soberbia”, de estados donde sus perfiles no contaron y de la posibilidad de ir solos. Montiel responde que las propuestas aliadas sí se midieron, que en dos entidades coincidieron las “encuestas espejo” y que, en todo caso, “la encuesta que vale es la que hace Morena”. Quiere unidad, sí; pero no suelta el control del tablero.
Eso es lo duro: treinta años de coalición reducidos a un “si se portan de izquierda, nos vemos”. La dirigente convierte una pelea por cuotas, método y opacidad en un examen ideológico, como si el problema fuera el alma del PT y no quién decide las gubernaturas. Mientras tanto, Morena avanza con coordinadores ya anunciados, resultados que promete publicar hasta el final y un aliado menor al que invita a quedarse… o a irse con la esperanza de un reencuentro. No es grandeza política. Es la comodidad de quien ya se siente dueño del piso y ofrece el futuro como consuelo para no negociar el presente.
Discusión sobre este post
Sin posts



