Morena desata la cacería contra Maru Campos para tapar a sus intocables del narco
Morena impulsa juicio político contra la gobernadora Maru Campos por presunta colaboración con autoridades extranjeras
Chihuahua.- En un acto de cinismo político que ya huele a podrido, Morena y sus aliados han lanzado una ofensiva frontal para desaforar a la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos. Ariadna Montiel convocó a una movilización este sábado para exigir juicio político, y Ricardo Monreal ratificó el respaldo de los diputados de Morena. La excusa oficial: “traición a la soberanía” por supuesta colaboración con autoridades extranjeras en operativos contra el crimen organizado.
La realidad es más cruda y evidente. Mientras Morena persigue con saña a una gobernadora opositora que sí ha confrontado laboratorios y narcoestructuras en su estado, protege con uñas y dientes a Rubén Rocha Moya en Sinaloa, donde los señalamientos de vínculos con el crimen organizado son públicos y persistentes. El PAN de Chihuahua lo denunció claramente: usan el discurso de “soberanía” como cortina de humo para tapar sus propias vergüenzas.
Jorge Romero, dirigente panista, lo resumió sin rodeos: en Chihuahua se combate al narco; en Sinaloa, el gobierno de Morena se asocia con él. El doble rasero es insultante. Morena no tolera que un estado opositor actúe con firmeza, pero exculpa a los suyos sin pestañear. Esto no es defensa de la soberanía: es persecución selectiva y uso descarado del aparato federal para golpear adversarios mientras el país arde en violencia selectiva.
La tensión escaló tras operativos en Chihuahua que desmantelaron instalaciones ligadas al crimen. Morena responde con marchas y amenazas de desafuero en lugar de apoyar el combate real. Mientras tanto, reportes internacionales (como el de CNN sobre operaciones letales atribuidas a inteligencia extranjera en territorio mexicano) exponen la hipocresía: el gobierno federal critica “injerencias” solo cuando le conviene, pero ignora o minimiza sus propios agujeros de seguridad y presuntos nexos.
Esta movida revela el talante autoritario de Morena en el poder: unidad para atacar, impunidad para los propios. Chihuahua no es el problema; el problema es un partido que convierte instituciones en armas políticas y prefiere distraer con linchamientos mediáticos antes que asumir su fracaso en seguridad. La ciudadanía lo ve claro. Este tipo de maniobras, lejos de fortalecer al país, solo profundizan la polarización y la desconfianza. México merece gobernantes que enfrenten al narco, no que lo usen como pretexto para cazar opositores.





