CDMX.- El Senado aprobó este 20 de octubre, en lo general y lo particular, la Ley de Economía Digital para Pagos Digitales y Electrónicos, impulsada por el Ejecutivo de Claudia Sheinbaum. La votación fue de 73 a favor y 34 en contra (principalmente oposición), después de que Diputados la había avalado días antes. La norma obliga a los tres órdenes de gobierno a aceptar pagos digitales en trámites y servicios, reconoce QR, NFC, tarjetas y transferencias, y permite a la Secretaría de Hacienda definir, en 15 días hábiles, los sectores “estratégicos” donde el pago electrónico será la única opción. El efectivo no se elimina de golpe: hay excepciones por fallas o contingencias y la transición será gradual hacia 2027.
El punto más polémico es precisamente esa facultad discrecional de Hacienda. No hay criterios claros, ni catálogo previo, ni contrapeso obligatorio. El propio senador de Morena Ricardo Sheffield votó en contra y lo calificó de “gravísimo error” y “súper irresponsable”: advirtió que un funcionario podría concentrar pagos en determinados productos o servicios y abrir la puerta a monopolios o controles de precios, sin revisión ni instancia independiente (propuso al Banco de México). Las comisiones lo discutieron en menos de una hora. La oposición y algunos comerciantes ya habían alertado del riesgo para el pequeño comercio y la informalidad, que sigue siendo masiva en el país.
Es un avance forzado de formalización que concentra poder en una sola dependencia sin mecanismos reales de control ni debate profundo. En un país con alta resistencia al abandono del efectivo y bancarización incompleta, entregar a Hacienda la llave para decidir dónde se acaba el billete no es modernización: es una herramienta de control económico y fiscal con poco margen de error y demasiados incentivos para abusarla. El único voto contrario dentro de Morena lo demuestra.
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