CDMX.- Morena lleva años vendiendo renovación, ética y ruptura con el “viejo régimen”. A la hora de armar a quienes encabezarán la disputa por 17 gubernaturas en 2027, el discurso se le cae. Según el recuento de Azucena Uresti en El Universal, 10 de los 17 coordinadores estatales —el 58%— arrancaron en el PRI, el PAN o el PRD: seis perredistas, dos panistas y dos priistas. No es un rumor de pasillo. Están Clara Luz Flores en Nuevo León, 22 años en el PRI y candidata derrotada en 2021; Pablo Gutiérrez Lazarus en Campeche, que llegó a la alcaldía de Carmen con el PAN; Cruz Pérez Cuéllar en Chihuahua, panista de origen y luego de Movimiento Ciudadano; y la tanda perredista de Nora Ruvalcaba, Beatriz Mojica, Carlos Torres, Imelda Castro, Lorenia Valles y Ana Lilia Rivera. Jasmine Bugarín, en Nayarit, entró al Congreso con el PRI y hoy opera desde el Verde.
El partido puede sumar a quien quiera. El problema es otro: sigue usando el pasado ajeno como estigma y el propio como redención automática. Quien viene del PRI o del PAN es “del sistema” si compite en contra; si encabeza la boleta guinda, queda lavado. Mientras tanto, la dirigencia presume cantera y afiliados —más de 11.6 millones validados por el INE— y anuncia filtros para revisar a los que llegan de fuera. En la práctica eligió perfiles con estructura, reconocimiento y máquinas heredadas. El proceso interno, definido por encuesta y presentado por Ariadna Montiel, ya arrastra quejas de opacidad: en Baja California una aspirante impugnó la exclusión del sondeo final y la falta de resultados públicos. Tatiana Clouthier, que abrió terreno a López Obrador en el norte y fue su secretaria de Economía, se quedó fuera. El mensaje a la militancia de base es claro: organizar comités no alcanza.
No hay aquí una transformación de cuadros. Hay continuidad disfrazada de encuesta. Morena no inventó al chapulín mexicano, pero sí pretende el monopolio de la virtud mientras recicla políticos. Si el criterio real es ganar, que lo digan. Lo que no aguanta es el doble discurso: no se puede predicar ruptura y ética mientras se recicla, sin más, a la clase política que se dice haber enterrado.
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