CDMX.- La senadora del PRI Claudia Anaya hizo público un oficio del 5 de octubre firmado por el secretario técnico de la Mesa Directiva, Daniel Andrés Sibaja, dirigido al canciller Roberto Velasco. En él se pide que los legisladores usen el Salón de Protocolo del AICM —espacio reservado a diplomáticos— durante los días de sesiones para “facilitar sus traslados”. Anaya se deslindó de la petición con la frase “yo no pedí nada, ellos mandan”, y el tema explotó justo después de que la senadora de Morena Malú Micher se quejara públicamente de que Aeroméxico le restringiera el acceso a sus Salones Premier.
Según reportes de Excélsior, la Cancillería y el propio AICM rechazaron la solicitud por motivos de seguridad y no se insistió. El documento, sin embargo, circuló en redes y reavivó las críticas por el contraste entre el discurso de austeridad del partido en el poder y la búsqueda reiterada de tratos preferenciales. Alrededor del 60 % de los senadores ya cuenta con acceso a un Salón Oficial del aeropuerto bajo reglas existentes; pedir el de protocolo diplomático no era una necesidad operativa, sino un privilegio adicional.
La hipocresía resulta difícil de disimular. Un gobierno y una mayoría legislativa que insisten en que “el pueblo manda” y que predican la cercanía con la gente ordinaria terminan gestionando, por oficio formal, el mismo tipo de comodidades que critican en otros. El rechazo por seguridad deja claro que ni siquiera las autoridades del propio gobierno consideraron justificada la petición. El episodio no revela un problema de logística parlamentaria; revela la distancia creciente entre el discurso y la práctica de quienes gobiernan.
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