CDMX.- Ricardo Monreal, coordinador de Morena en la Cámara de Diputados y presidente de la Jucopo, reconoció este lunes que llevaba entre dos y tres meses (y en otras declaraciones hasta seis) enterado de las investigaciones del Órgano Interno de Control del INE por presuntas irregularidades, conflictos de interés y posibles triangulaciones en contrataciones bajo la gestión de Guadalupe Taddei. Lo admitió justo cuando la expresidenta del Instituto formalizó su renuncia ante San Lázaro, acorralada por revelaciones periodísticas —videos de Latinus y reportes de Reforma— que documentan su cercanía y la de su entorno familiar con el empresario José Alfredo Hernández Casillas, vinculado a empresas como Cajas Graf y Corporativo ZEG, proveedoras del INE y de organismos electorales locales, bajo escrutinio de la ASF y la UIF.
Elías Lixa, coordinador del PAN, lo cuestionó con dureza: si Monreal tenía esa información por vía formal, debió notificarla a las demás coordinaciones y comisiones. No lo hizo. El “movimiento” que se presenta como el más transparente y enemigo de la corrupción se hizo de la vista gorda mientras se acumulaban indicios de adjudicaciones cuestionadas, funcionarios colocados con vínculos previos a proveedores y convivencias que saltaron a la luz. La renuncia de Taddei —quien insistió en que protege al Instituto por encima de intereses personales— no borra el silencio institucional.
Lo que queda es un daño directo a la credibilidad del árbitro electoral en pleno arranque del proceso hacia 2027. Las investigaciones de la ASF, el OIC y la UIF deben llegar hasta el fondo; la salida de Taddei no puede convertirse en tapadera. Morena tenía la información y eligió callar. Eso no es prudencia: es complicidad por omisión.
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