Guanajuato.- El senador Ricardo Sheffield Padilla ya no disimula: su compañero de bancada, Emmanuel Reyes Carmona, es un “arribista” y “para nada” una opción para la alcaldía de León en 2027. Le recetó el pasado opositor —llegó a diputado en 2018 por la vía del PRD, en coalición con el PAN, y al poco tiempo se pasó a Morena—, le acusó de cambiar de domicilio ante el INE como quien muda de camisa y sentenció que ni siquiera vive en la ciudad: rentar un departamento, dijo, no es arraigo. Reyes contestó con el manual del ofendido institucional: queja ante la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia por “difamaciones y calumnias”, y la tesis de que Sheffield ataca porque, según él, va arriba en las encuestas.
El problema no es el adjetivo. Es el cinismo de fondo. Esta guerra no nació anoche: desde agosto Sheffield lo acusa de promoverse en León con dinero de La Luz del Mundo —Reyes es feligrés y cofundador de Humanismo Mexicano— y de no cumplir residencia; Reyes lo replica pidiendo pruebas, amenazando con demanda civil y recordándole las licencias en el Senado. Hasta se filtró el chat de senadores, con Noroña de mediador fallido. León es el premio: bastión histórico del PAN, “joya de la corona”. Reyes es de Villagrán —allá gobierna su esposa, Cinthia Teniente— y alega dos años de domicilio en Los López. Sheffield, leonés, fue panista durante décadas, alcalde de esa misma ciudad por el PAN y brincó a Morena cuando el blanquiazul le negó la gubernatura en 2018. El que grita “arribista” también llegó con maleta ajena.
Lo que queda a la vista no es un debate sobre quién puede gobernar León. Es dos tribus peleándose el hueso con denuncias internas, bardas, espectaculares y descalificaciones, mientras el partido que prometió regeneración se consume en el mismo oficio de siempre: el poder local primero, la militancia después. Si Sheffield tiene documentos del INE y del origen del dinero, que los ponga sobre la mesa. Si Reyes encabeza encuestas y cumple residencia, que lo pruebe ante el IEEG, no ante la comisión de honestidad de su propio partido. Mientras tanto, León no gana un candidato: gana el espectáculo de un movimiento que, se destruye solo.
Discusión sobre este post
Sin posts



