CDMX.- El expresidente del INE, Lorenzo Córdova, fue claro: Morena y la “corrupta Taddei” son los causantes de la peor crisis en la historia del Instituto. No es un eslogan. Guadalupe Taddei renunció el 26 de octubre tras escándalos de conflictos de interés, contratos millonarios con proveedores cercanos a su entorno (como José Alfredo Hernández Casillas y empresas como Cajas Graf o Corporativo ZEG) y vínculos personales documentados, incluido un viaje a París de su hijo con el empresario. La ASF abrió investigación de oficio y el propio Consejo del INE prepara denuncia ante la FGR.
Morena y Sheinbaum responden con el mismo libreto de siempre: “no es de nosotros”, “Lorenzo Córdova y Ciro Murayama la aprobaron en Sonora en 2014” y “hay que auditar también el pasado”. Es el argumento burdo que Manuel López San Martín señaló: señalar al ayer para no hablar del hoy. Taddei llegó a la presidencia nacional en 2023 por insaculación tras quintetas cuestionadas; después, reformas impulsadas con la mayoría calificada de Morena concentraron poder en la Presidencia del INE y debilitaron la colegialidad. Córdova sostiene que eso creó el contexto de impunidad. Mientras tanto, la consejera Carla Humphrey admite abiertamente la crisis y que se trabaja para atenderla, pero rechaza —sin pruebas presentadas— que los padrones estén en manos del crimen organizado.
Dijeron que serían diferentes y salieron peores. Ahora, con el proceso 2026-2027 en marcha, el oficialismo pide investigar contratos de Córdova (como el de Jet Van en 2015) para diluir la responsabilidad actual. La defensa no absuelve a nadie: si el pasado tuvo irregularidades, el presente las agravó al romper controles internos y proteger una gestión que terminó en renuncia forzada y denuncias penales. El INE no se hunde solo; se hunde bajo quien controla el poder y pretende reescribir la historia.





