Jalisco.- La segunda megamarcha por agua limpia en Guadalajara, el 18 de octubre, volvió a sacar a miles de personas hartas de recibir líquido turbio, con olor a heces y metales pesados. La primera, el 11, terminó con gas lacrimógeno, chorros de agua y 39 detenidos; esta vez el centro histórico se llenó de familias y consignas contra Pablo Lemus, pero también de un bloque negro que quemó puertas del Palacio de Gobierno y vandalizó. En medio de eso, Joselyn Hernández Sánchez, secretaria de Comunicación de Morena Jalisco, reconoció que militantes del partido estuvieron presentes.
Dijo que fueron “como ciudadanos” afectados por el problema y no en representación del partido, que nunca convocó la marcha “Revocación de Lemus y Agua Limpia” y que rechazan los daños. Es el mismo partido que, tras la represión del 11, exigió liberar detenidos y denunció el uso de la fuerza. La diferencia es clara: Jalisco lo gobierna Movimiento Ciudadano, no Morena.
El contraste con lo que hacen cuando las protestas les pegan de cerca es elocuente. Hace días Claudia Sheinbaum minimizó la marcha de trabajadores del IMSS mostrando imágenes de drones para que “cada quien haga su conteo” y tachó de oportunistas a quienes se sumaron. Ahí no hubo admisión de “ciudadanos” morenistas ni solidaridad institucional. Cuando la molestia es contra un gobierno de oposición, sí aparecen; cuando es contra el propio, se diluye, se cuestiona el tamaño y se habla de infiltrados. No es defensa del derecho a protestar: es cálculo político puro.
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