CDMX.- Ricardo Anaya no inventó hoy el diagnóstico, pero lo clavó donde duele. El coordinador del PAN en el Senado acusó que Morena ya no disputa el poder: lo concentra en el Ejecutivo, el Congreso, el Judicial y, ahora, en el árbitro. Lo dijo al arrancar el proceso 2026-2027, cuando el INE resolvió contabilizar boletas sin doblez —las llamadas “planchadas”— e invitó a la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, a la ceremonia de inicio. La pregunta del panista es brutalmente simple: si la urna está cerrada, ¿cómo entra una hoja que no se dobló?
No es un desliz técnico. Es el mismo patrón que la oposición viene denunciando desde el 9 de septiembre: campañas anticipadas disfrazadas de “comités”, piso disparejo y un instituto que, según Anaya, se queda “ausente” ante unas violaciones y flexible ante otras. Ignacio Mier salió a decir que el INE es un árbitro “100% confiable”. El contraste no necesita adjetivos. Un lado habla de cooptación; el otro, de normalidad. En el medio queda un órgano que debería ser ciego y que, a ojos de PAN, PRI y MC, ya eligió grada.
La crítica dura no es solo contra Morena, que gobierna con mayoría y actúa como si el Estado fuera extensión del partido. Es contra un sistema que sigue fingiendo contrapesos mientras el árbitro recibe a Gobernación en el saque y legaliza un criterio que la oposición llama fraude anunciado. Anaya puede tener memoria selectiva —el PAN también administró el poder cuando le tocó—, pero el dato de hoy no se borra: si el que organiza la elección invita al gobierno y cuenta boletas que no caben en una urna cerrada, la advertencia deja de ser discurso opositor y se vuelve inventario de una democracia que aún vota, pero ya no frena a nadie.
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