Mullin alaba a Sheinbaum por “mayor cooperación” con EU… mientras ella blinda a sus gobernadores narco-señalados
“Estamos impresionados”, dijo el secretario Markwayne Mullin. Claudia presume entregas y detenciones, pero se aferra a la “soberanía” para no tocar a Rocha Moya, Durazo ni Villarreal
CDMX.- En una audiencia en el Congreso de Estados Unidos, el secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, reconoció que el gobierno de Claudia Sheinbaum es “mucho más cooperativo” que el de AMLO en materia de seguridad. Lo dijo claro: impresionados por el nivel de colaboración, pero “aún creen en su soberanía y debemos respetar eso”.
La frase suena diplomática. En realidad, es un puñal envuelto en terciopelo. Porque mientras Mullin hablaba, Sheinbaum defendía en México lo indefendible: no extraditar al gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, acusado por la justicia estadounidense de nexos con el narco. “Violaría la Constitución”, sentenció. Lo mismo con Alfonso Durazo (Sonora) y Américo Villarreal (Tamaulipas), a quienes el Departamento de Estado revocó la visa por presuntos vínculos con el crimen organizado, según reveló Los Angeles Times este mismo miércoles.
Ella misma presume haber detenido a más de 50 mil vinculados a la delincuencia organizada y extraditado o expulsado a 92 requeridos por EU en lo que va de su gobierno. Cifras que suenan contundentes… hasta que se mira con lupa: ni un solo pez gordo de Morena ha caído. Los gobernadores señalados siguen intocables. Rocha Moya, Durazo y Villarreal gozan de fuero y protección presidencial.
Y no solo eso. Sheinbaum rechazó de plano catalogar a los cárteles como terroristas. Según ella, el Código Penal Federal define el terrorismo como actos para “derribar al gobierno”. Como los narcos no quieren tumbar a Morena —al contrario, parecen cómodos con ella—, entonces no son terroristas. Simple. Así de cínico.
El contraste es brutal. Por un lado, presume “cooperación” y entrega a narcos de bajo perfil para quedar bien con Washington. Por el otro, se parapeta en la “soberanía” para no tocar a sus aliados políticos. No es defensa de la Constitución: es defensa de la propia supervivencia del régimen. Porque si Rocha, Durazo o Villarreal caen y cantan en una corte estadounidense, el dominó de Morena se derrumba.
Esta no es soberanía. Es selectividad descarada. Es el mismo manual de AMLO, pero con mejor imagen pública. Estados Unidos lo nota. Los mexicanos, también. Mientras la presidenta da lecciones de legalidad, los cárteles siguen sembrando terror en calles, pueblos y campañas. Y el gobierno, en vez de combatirlos de verdad, los protege con el escudo de la “no injerencia”.
La pregunta ya no es si hay cooperación. La pregunta es: ¿cooperación para qué? ¿Para seguir gobernando con los mismos de siempre o para acabar con ellos? Hasta ahora, la respuesta es obvia. Y duele.



