Baja California Sur.- En La Paz, el domingo 20 de septiembre, el gobernador Víctor Castro Cosío salió a dar la bienvenida a Claudia Sheinbaum en la Plaza de la Reforma y lo primero que escuchó no fue ovación, sino “¡fuera!”. El acto formaba parte de la gira del Segundo Informe —el encuentro “Honestidad y Resultados”— las rechiflas vinieron de maestros disidentes de la CNTE y de ejidatarios que denuncian afectaciones a sus tierras. Había también respaldo a la presidenta y mil asistentes, según coberturas locales; eso no borra el dato: el anfitrión estatal fue el que se llevó el golpe.
No es un accidente de un domingo caluroso. A Castro Cosío ya le habían gritado “¡fuera Víctor!” en Los Cabos en noviembre de 2025; en 2024 respondió a trabajadores de la SEP con un “voy a hacer lo que me dé la gana”; y cierra 2025 con 40.5% de aprobación en Mitofsky, lugar 30 de 32 gobernadores, en un estado donde el homicidio se disparó. El video que circula muestra gente bajo el sol, sin sombra, mientras el gobierno presume músculo. Quien organiza el acto y no cubre ni el calor ni el descontento no puede después vender la escena como “infiltrados”.
La crítica dura no es al abucheo: es al hábito de montar un acto de rendición de cuentas y tratar el rechazo como ruido ajeno. Sheinbaum anunció plazas, vivienda y obras; Castro pidió más puentes y agua. Nada de eso responde por qué, con todo el aparato movilizado, el gobernador sigue siendo el que parte plaza entre silbidos. En política, el templete no absuelve. A veces solo enseña quién ya no convence ni en su propia casa.
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