CDMX.- En el Senado, el presidente de la Mesa Directiva, Higinio Martínez (Morena), le puso un alto seco a su compañero Gerardo Fernández Noroña después de que este se quejara de que no lo defendía con suficiente agresividad frente a senadores de oposición. Noroña reclamó por no haber intervenido ante lo que él llamó “amenazas” de la priista Carolina Viggiano (quien le pidió que “tuviera los huevos” para nombrarla desde tribuna) y de Alejandro Moreno. Martínez, con la paciencia de quien lleva tres décadas conociéndolo, le soltó la frase que ya circula: “Trato de entender desde hace muchos años su forma de ser… me cuesta trabajo, pero hago el esfuerzo”. Y para cerrar, cuando Noroña volvió a corregir la conducción de la sesión: “Cada quien tuvo su tiempo. Este es mi tiempo”.
No es la primera vez. Noroña ya había llamado “error” la elección de Higinio al frente del Senado (116 votos de 117), se burló de que su relación era “telepática” y quedó fuera del reparto de comisiones. El propio Martínez ha dicho que no hay conflicto y que habla con todos, pero en el pleno el mensaje fue otro: el reglamento no contempla “alusiones implícitas”, no le negó la palabra y la Constitución no lo obliga a ser el censor personal de cada senador. En corto, hasta su bancada se está cansando del personaje que exige que todo el mundo lo proteja mientras él se presenta como el único “hombre libre”.
El episodio deja en evidencia lo que ya se sabía: dentro de Morena Noroña funciona más como un altavoz de sus propias heridas que como un legislador que aporta. Que su propio presidente de partido en el Senado tenga que recordarle, con educación pero sin rodeos, que el recinto no es su foro personal de desahogo, es el tipo de fuego amigo que ningún comunicado de unidad puede disimular.
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