“Ningún riesgo”: Sheinbaum y Morena se atrincheran mientras sus exfuncionarios corren a entregarse a EE.UU.
“Ningún riesgo”: Sheinbaum descarta consecuencias por la entrega de dos exfuncionarios de Sinaloa en EE.UU.
CDMX.- En la mañanera de este lunes 18 de mayo, Claudia Sheinbaum lució visiblemente alterada. “Ningún riesgo, ninguno. Fue una decisión de ellos entregarse”, sentenció al hablar de Gerardo Mérida Sánchez, exsecretario de Seguridad Pública de Sinaloa, y Enrique Díaz, exsecretario de Finanzas del mismo gobierno. Ambos se presentaron voluntariamente ante autoridades estadounidenses, acusados de nexos con el crimen organizado ligado al caso Rocha Moya.
La presidenta de Morena, Ariadna Montiel, repitió el mantra: “No se va a encubrir a nadie” y “en Morena no tenemos ninguna preocupación”. La FGR investigará, dijeron. Como si la Fiscalía General de la República fuera un ente independiente y no parte del mismo aparato.
La realidad es más cruda. Dos excolaboradores de Rubén Rocha Moya —gobernador con licencia y cuentas congeladas por la UIF junto a otros nueve señalados— prefirieron entregarse en territorio gringo antes que confiar en la justicia mexicana. Eso no es “decisión personal sin riesgo”. Es pánico. Es delación en puerta. Es la prueba de que el narco ya no solo opera en las calles: ha penetrado despachos de gobierno.
Sheinbaum recurrió al libreto de siempre: cuestionó el “interés excesivo” de Estados Unidos, exigió que primero atiendan su consumo de drogas y el tráfico de armas hacia México, y minimizó las declaraciones de Trump sobre “gobiernos del narco”. “A mí no me lo dice”, remató. Como si el problema fueran los gringos y no la podredumbre interna que lleva años negando.
La crítica es dura porque la negación ya es insostenible. Morena llegó prometiendo acabar con la corrupción y el pacto con el crimen. Hoy sus exfuncionarios huyen al norte para negociar, Rocha Moya desaparece del radar y la respuesta oficial es “ningún riesgo”. Mentira descarada. El riesgo es real, evidente y crece. Lo que está en juego no es solo la imagen de un partido: es la credibilidad de un gobierno que prefiere tapar el sol con un dedo antes que limpiar su propia casa. México ya no se traga este cuento.



