CDMX.- Citlalli Hernández, presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena, soltó la frase en el seminario del PT: “No estamos bajo presión de los gringos, no estamos cediendo a ningún grupo de interés”. Respondía a Alberto Anaya, que un día antes, en el Senado, dijo que hubo “presión de los norteamericanos” para un corrimiento al centro y a la centroderecha en los Coordinadores Estatales de Defensa de la Transformación, perfiles que Morena pone sobre la mesa para 17 gubernaturas en 2027. Su única prueba fue “ve a los personajes”. Claudia Sheinbaum, en la mañanera del 8 de octubre, lo calificó de “absurdo” y lo atribuyó a que a alguien no le salió la encuesta.
El problema no es la frase. Es que nadie enseña nada. Anaya lanza una acusación de injerencia extranjera sin un documento, un nombre o un mecanismo, y de paso deja abierta la puerta a que el PT vaya solo en algunas entidades. Hernández contesta con un “gringos” de mitin y un llamado a la unidad porque “la derecha nacional, continental y global se lame los bigotes”. Sheinbaum se esconde detrás del método de encuestas, como si el procedimiento borrara la sospecha. Tres versiones, cero evidencia.
La alianza de la 4T llega a 2027 peleando candidaturas y usando a Washington de pretexto. Quien habla de soberanía todos los días no puede despachar una acusación de su propio aliado con un eslogan y una encuesta. Si no hubo presión, que muestren criterios y perfiles. Si la hubo, que lo digan. Mientras tanto, el pleito huele a reparto de puestos, no a defensa de la nación.
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