CDMX.- Ariadna Montiel, presidenta nacional de Morena, se enfrascó en una maroma verbal para defender el “principio de austeridad” ante los señalamientos por casas, terrenos y lujos de sus correligionarios. En conferencia, insistió en que no están en contra de quien tiene recursos —“sería estar en contra de los empresarios”—, sino de la corrupción, y que basta con que el patrimonio sea “lícito y comprobable”. El mensaje llega justo cuando Expansión Política documentó que 10 coordinadores estatales del partido acumulan bienes por 51.3 millones de pesos entre propiedades, joyas y vehículos, con casos como casas adquiridas en 1,800 pesos o terrenos a precios de risa.
La contradicción es gruesa. Mientras Montiel pide a la militancia “humildad, austeridad y a ras de piso” y rechaza frivolidades de cara a 2027, su propio partido ha tenido que sancionar a regidores y alcaldes por jets privados y fiestas de XV años opulentas. Ella misma declaró, en su etapa como funcionaria, una casa de 6.5 millones de pesos comprada de contado en 2015, cuando era diputada federal. Reducir la austeridad republicana a “que no sea ilícito” es vaciarla de contenido: el principio que predicaban no era solo no robar, sino no vivir como la élite que decían combatir.
El resultado es un discurso que se sostiene únicamente por la falta de consecuencias reales. Morena puede seguir llamando a la “justa medianía” y revisando perfiles con el gabinete de seguridad, pero los números y las imágenes ya están en la mesa. La hipocresía no necesita más explicaciones: se exhibe sola.
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