“No lo pueden dejar vivo”: la senadora que convierte una fricción diplomática en teoría de asesinato sin una sola prueba
Ana Lilia Rivera Senadora de Morena afirma que Estados Unidos “no quiere vivo” a AMLO
Tlaxcala.- La senadora de Morena por Tlaxcala, Ana Lilia Rivera, lanzó una de las acusaciones más graves que puede hacer un legislador mexicano: afirmó que sectores de Estados Unidos “no quieren vivo” a Andrés Manuel López Obrador porque “mientras este señor esté vivo no solo levanta a México sino a toda América Latina”. Según sus palabras, documentadas en videos difundidos este martes, “por eso ahora van tras sus hijos”, en clara alusión a la reciente revocación de la visa estadounidense a Andy López Beltrán (y reportes sobre otros hijos del expresidente). No identificó a ninguna autoridad, agencia, funcionario ni grupo concreto. Tampoco presentó documento, investigación o evidencia alguna que respalde la existencia de un plan para atentar contra la vida de López Obrador.
La declaración llega en medio de la tensión bilateral real: Washington revocó la visa de Andy López Beltrán a mediados de agosto, medida que el propio afectado y dirigentes de Morena interpretan como “golpe político” contra el lopezobradorismo, mientras periodistas y fuentes de inteligencia señalan posibles vínculos con redes de huachicol y delincuencia organizada que Estados Unidos investiga. Rivera, ex presidenta del Senado y aspirante a la gubernatura de Tlaxcala, eligió escalar esa fricción a una narrativa de intento de asesinato político, sin ofrecer el mínimo sustento que exige el cargo que ocupa.
Es una irresponsabilidad mayúscula. Una senadora de la República no puede lanzar al aire la idea de que una potencia extranjera busca matar a un expresidente mexicano sin pruebas y después pedir “protegerlo”. Eso no es defensa de la soberanía: es oportunismo político que degrada el debate público, abre la puerta a teorías conspirativas y pone en riesgo relaciones diplomáticas ya complejas. Mientras Rivera no presente evidencias o se retracte, su acusación queda como lo que es: una declaración temeraria que habla más de la debilidad argumental de quien la pronuncia que de cualquier amenaza real.



