No quieren a Sheinbaum, no la respetan, confabulan a sus espaldas
Cuando el imperio estadounidense aprieta (investigaciones, visas, posibles sanciones), los “leales” de Morena-4Tse convierten en informantes del FBI.
Análisis.— En las últimas horas, el escándalo de los audios de Marina del Pilar Ávila Olmeda ha desnudado algo podrido en el corazón de Morena y la 4T. Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum levanta la bandera de la soberanía nacional y denuncia “injerencia extranjera” cada vez que Estados Unidos mueve ficha, varios de sus gobernadores y altos funcionarios actúan como si la jefa no existiera… o peor: como si no la respetaran lo suficiente para mantenerse leales.
Los hechos son contundentes. Reportes de The New York Times y Los Angeles Times revelan que al menos una decena de funcionarios morenistas —entre ellos gobernadores en activo— han contactado discretamente a autoridades estadounidenses para ofrecerse como informantes. Marina del Pilar, gobernadora de Baja California, aparece en audios filtrados dispuesta a compartir información de las mesas de seguridad con asesores del FBI. Alfonso Durazo en Sonora y Américo Villarreal en Tamaulipas tienen visas revocadas pero entran a EE.UU. bajo permisos de cooperantes. Rubén Rocha Moya en Sinaloa enfrenta acusaciones formales por presuntos pactos con Los Chapitos.
¿Coincidencia? Difícil creerlo. Tres gobernadores fronterizos clave de Morena, justo los estados más calientes en el mapa del narco y la migración, están en el ojo del huracán. Mientras Sheinbaum exige unidad y defiende el proyecto transformador, ellos parecen priorizar su supervivencia personal y sus acuerdos paralelos con Washington. Eso no es lealtad. Eso es traición por omisión… o por acción directa.
En redes sociales el veredicto es aún más brutal. En X (Twitter), la tendencia es clara: hashtags y frases como “#TraidoresDeMorena”, “Judas 4T”, “Marina del Pilar traidora” y “Sheinbaum sin control” dominan los comentarios. Usuarios de izquierda desencantada escriben cosas como: “Apoyo la izquierda, pero Marina es peor que Maru Campos… ofrecida ante extranjeros”. Otros van más duro: “Morena es el partido de los soplones desleales”, “¿Cuántos Judas más habrá en el gabinete?”, o “La jefa habla de soberanía mientras sus gobernadores corren a negociar con el FBI”.
Los hilos especulativos se multiplican: ¿Cuántos alcaldes, secretarios y legisladores locales están haciendo lo mismo en Quintana Roo, Guerrero, Michoacán o CDMX? La narrativa que prende más fuerte es la de la fractura interna: Sheinbaum no controla a sus caciques regionales. Estos, acostumbrados al poder y con sus propios compromisos oscuros (narco, corrupción, intereses gringos), la usan como figura pública mientras confabulan a sus espaldas para salvar el pellejo cuando caigan las extradiciones o las sanciones.
Esto no es solo oportunismo individual. Sugiere una crisis de autoridad real dentro de Morena. Sheinbaum heredó un partido construido alrededor del carisma de AMLO, pero sin el mismo control personal sobre gobernadores y operadores que tienen historiales turbios. Cuando el imperio estadounidense aprieta (investigaciones, visas, posibles sanciones), los “leales” se convierten en informantes. La 4T, que nació gritando “México primero”, ahora tiene a sus cuadros fronterizos jugando en dos canchas: una para el discurso nacionalista y otra para negociar con el vecino del norte.
¿Y en Quintana Roo? El patrón es preocupante. Si los gobernadores de estados estratégicos ya coquetean con el FBI, ¿qué estarán haciendo funcionarios locales ante presiones similares de seguridad, turismo y narco? La traición no siempre es con bandera gringa en mano; a veces es simplemente no respetar la cadena de mando y priorizar el interés propio.
Sheinbaum puede seguir dando discursos de unidad. Pero mientras sus gobernadores filtren audios y negocien visas de cooperantes, la realidad grita otra cosa: no la quieren, no la respetan y confabulan a sus espaldas. La 4T se está comiendo por dentro. Y México, como siempre, paga los platos rotos.





