“¡No renuncio, estoy limpio!”: Rocha Moya se atrinchera mientras los marines blindan su palacio y Sheinbaum saca la bandera de la soberanía
Rocha Moya se niega a renunciar tras acusación de EE.UU. por narcotráfico
Sinaloa.- El gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, se negó rotundamente a renunciar tras ser acusado formalmente por el Departamento de Justicia de EE.UU. de conspiración para importar narcóticos, posesión de armas y protección al Cártel de Sinaloa (facción de los Chapitos) a cambio de sobornos y apoyo político. Junto a él, nueve funcionarios y exfuncionarios sinaloenses —incluido un senador de Morena y el alcalde de Culiacán— enfrentan cargos que pueden costarles de 40 años a cadena perpetua. Estados Unidos ya pidió su captura provisional para extradición.
Rocha, de 76 años, lo supo “por televisión, como todo el pueblo”. En entrevistas y mensajes, repite sin titubear: “No tengo intención de dejar el cargo”, “soy una persona limpia” y “enfrentaré lo que venga”. Ni un paso atrás. Ni una licencia. Ni siquiera un gesto de decencia institucional.
Claudia Sheinbaum, en lugar de exigir una investigación seria o distancia, salió con el libreto de siempre: “La presidenta no hace respaldos personales, la presidenta lucha por la soberanía de México”. Traducción: si la FGR no encuentra “pruebas contundentes”, todo es un complot político de Washington. La misma presidenta que exige presunción de inocencia para sus aliados es la que calla cuando se trata de ciudadanos comunes a los que meten a prisión preventiva oficiosa por menos. Hipocresía pura y dura.
Y como si fuera poco, este jueves marinos y policía estatal blindaron el Palacio de Gobierno en Culiacán. ¿Protegiendo al gobernador o protegiendo al pueblo de que el gobernador hable? Porque cuando el narco y el poder se tocan tan de cerca, la “soberanía” se convierte en el escudo perfecto para la impunidad.
Esto no es un caso aislado. El Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes de EE.UU. ya advirtió que es el inicio de una ofensiva más amplia contra funcionarios mexicanos vinculados al narco. México, otra vez, ante el espejo: un gobierno que promete “abrazos, no balazos” y termina defendiendo con tanques a quien EE.UU. acusa de ser socio del cártel más sangriento del continente.
Rocha no renuncia porque sabe que en Morena la lealtad vale más que la vergüenza. Y Sheinbaum, en vez de cortar de tajo, prefiere envolverlo en la bandera. Mientras tanto, el país paga la factura: más desconfianza internacional, más violencia en Sinaloa y más cinismo desde Palacio Nacional. La soberanía no es un salvoconducto para narco-gobernadores. Es una excusa que ya nadie se cree.



