“¡No somos narcos!”: Morena atrinchera a Rocha Moya, ataca a EU y se autoproclama “más fuerte que nunca” en su Congreso
Morena cierra filas en su Congreso Extraordinario y defiende a Rocha Moya ante acusaciones de EU
CDMX.- En medio de lonas exigiendo “piso parejo” y renuncias de funcionarios a encuestas internas, Morena celebró este domingo 3 de mayo su VIII Congreso Nacional Extraordinario en el World Trade Center de la CDMX. El objetivo oficial: renovar su dirigencia (con Ariadna Montiel como la elegida) y salir “fortalecidos”. La realidad: un partido a la defensiva, rodeado de acusaciones graves de Estados Unidos que no puede ni quiere enfrentar de frente.
Los hechos son claros y verificados: el 29 de abril, la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York acusó formalmente al gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y a otros nueve funcionarios y exfuncionarios morenistas, por presuntos vínculos con “Los Chapitos”, narcotráfico, conspiración y recepción de sobornos a cambio de protección y apoyo electoral en 2021. EU solicitó su detención provisional con fines de extradición. Rocha niega todo; Morena lo respalda sin fisuras.
Dolores Padierna rechazó de plano la etiqueta de “narcopartido”: “No vamos a comprar esa narrativa”. El hermano de AMLO, José Ramiro López Obrador (secretario de Gobierno de Tabasco), aseguró que “vamos a salir más fortalecidos”. Mario Delgado, ahora en Educación, habló de “extraña” actuación de EU y vaticinó que arrasarán en las intermedias. Gerardo Fernández Noroña, con su estilo habitual, exigió pruebas y se solidarizó. Víctor Manuel Castro, gobernador de Baja California Sur, también respaldó al sinaloense: “Yo no reniego de los amigos, en las buenas y en las malas”.
Este no es un partido que enfrenta una crisis; es un movimiento que lleva años negando la podredumbre que le crece adentro. En lugar de exigir investigaciones transparentes, limpieza interna o al menos distancia mínima de los señalados, optan por la victimización: “es injerencia”, “narrativa mediática”, “calumnias”. Mientras tanto, un gobernador de su propio partido enfrenta cargos que van de 40 años a cadena perpetua por supuestamente traficar fentanilo, heroína y más hacia EU.
La defensa cerrada revela lo peor: lealtad por encima de la ley, clan por encima del país. No hay autocrítica real (Padierna apenas reconoció “equívocos” pasados). Hay cierre de filas. Eso no fortalece; pudre. Un partido que llegó prometiendo acabar con la corrupción priista ahora protege a sus presuntos narcos con el mismo cinismo de siempre. “Piso parejo” en las lonas, pero piso de fango en la práctica.
México no necesita más congresos de aplausos y selfies. Necesita cuentas claras, colaboración real con EU (sin arrodillarse, pero sin encubrir) y un partido gobernante que deje de tratar las acusaciones graves como ataques personales. Mientras Morena siga negando lo evidente en lugar de investigarlo, la sospecha no se irá: no es narrativa, es el espejo que les pone enfrente. Y les da miedo mirarse.



