CDMX.- Gerardo Fernández Noroña no soportó que Morena lo dejara fuera de la presidencia del Senado y convirtió el desaire en espectáculo. Mientras su bancada eligió por unanimidad —entre los que sí llegaron— a Higinio Martínez Miranda para relevar a Laura Itzel Castillo a partir del 1 de septiembre, él faltó a la plenaria, mandó un escrito de tres cuartillas y denunció “connivencia” con la oposición. En su videocharla fue más lejos: acusó a Ignacio Mier de “simulación” y de romper acuerdos, y le soltó el dardo de manual: “Yo no estaba en el PRI cuando mi compañero Nacho Mier sí estaba votando el Fobaproa”.
El problema no es que recuerde el pasado priista de Mier —eso está documentado— sino que lo use ahora, cuando el cargo se le escapó. Noroña quería repetir al frente de la Mesa Directiva con “mano dura”; Mier lo descartó desde julio y la bancada prefirió a Higinio, con Óscar Cantón y Manuel Huerta declinando a su favor. El senador que se presume voz del pueblo terminó diciendo que ya no tiene “aspiración alguna dentro del Senado”, que su ausencia “es la ruptura del consenso” y que el proceso fue una farsa. Traducción: si no gano yo, el procedimiento es trampa.
La ironía es de libro de texto. El mismo personaje sancionado por violencia política de género contra Grecia Quiroz, el que convierte cada diferendo interno en ring, ahora se presenta como el único puro de un partido al que él mismo ha defendido a capa y espada. Morena cerró filas, Higinio promete conciliar sin ser “blandito” y Noroña se quedó vociferando desde YouTube. No está peleando por el pueblo: está peleando porque ya no le alcanzaron los votos ni las palmaditas. Y cuando se le acaba el cargo, saca el Fobaproa como si fuera un as bajo la manga y no una rabieta de quien no soportó quedarse sin el martillo.
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