CDMX.- Gerardo Fernández Noroña volvió a su deporte favorito: hablar de más. El senador de Morena soltó que Grecia Quiroz, alcaldesa de Uruapan y viuda de Carlos Manzo, “dijo que está dispuesta a ir a la cárcel, pues en una de esas se le cumple el deseo”. El chiste, si cabe llamarlo así, fue por su negativa a soltar los celulares de su esposo, asesinado el 1 de noviembre de 2025 en la plaza de Uruapan. Noroña lo bautizó obstrucción de la justicia. El Fiscal del Estado, Israel Vega, ya advirtió que la negativa puede escalar a medidas de apremio, arresto y una carpeta por ese delito. El gobernador Alfredo Ramírez Bedolla, en cambio, dijo que meterla a la cárcel sería imprudente: es víctima indirecta, no testigo. Detalle menor para quien cobra por opinar.
Quiroz no niega que haya información en el aparato. Dice que lo revisen en su presencia o que la extracción la haga la FGR, porque no se fía de la Fiscalía de Michoacán: teme que le quiten o le metan cosas. El propio fiscal estatal, Carlos Torres Piña, llegó a calificar el celular de “irrelevante” en junio; meses después volvió a ser urgente. Hay detenidos, una línea sobre Samuel García Rivero —exfuncionario municipal señalado por filtrar movimientos al CJNG— y el señalamiento a Ramón Álvarez Ayala, alias el R1, como presunto autor intelectual. Contra Quiroz, la misma Fiscalía admite que no tiene elementos para investigarla por el homicidio. Traducción: el teléfono importa, la burla no aclara nada.
El cuadro es de antología. Un senador con antecedentes de quejas por violencia política se ríe del encarcelamiento de la viuda de un alcalde ejecutado en plena festividad, mientras el caso sigue a tropezones entre desconfianza, filtraciones y política. Si el deseo que Noroña quiere cumplir es el de la cárcel, que empiece por exigir peritajes serios y cadena de custodia, no por hacer de ventrílocuo de la Fiscalía. El muerto ya cumplió un año. El chiste, todavía no.
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