CDMX.- Gerardo Fernández Noroña, desde el Senado, soltó la frase que resume la desesperación de Morena: Enrique Inzunza “va a tener que hacer una tarea de sacrificio” y permanecer apartado para no dañar al movimiento. El mismo dirigente que dice creer en la “honorabilidad” del senador sinaloense prefiere verlo lejos del recinto, cobrando su dieta sin aparecer, antes que enfrentar la ofensiva de la oposición en el periodo ordinario que arranca en septiembre. Inzunza, acusado por autoridades estadounidenses de nexos con la facción de Los Chapitos del Cártel de Sinaloa —igual que el gobernador Rubén Rocha Moya—, lleva meses sin pisar el Senado.
El patrón es el mismo: primero se esconden, después regresan cuando el costo político baja y, mientras, el partido los protege. Inzunza, exsecretario general de Gobierno de Rocha, anunció que volvería el 30 de agosto a la plenaria de Morena. Noroña y otros legisladores ya le torcieron el brazo: mejor licencia y silencio. Lo que realmente golpea a la 4T no es la “derecha mediática”, sino los escándalos y los vínculos que ellos mismos han acumulado en Sinaloa y que Washington ha documentado.
Cuando el poder prefiere que sus acusados se oculten en lugar de enfrentar la justicia, el mensaje es claro: el movimiento se protege a sí mismo antes que a la verdad.
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