Análisis.— Ocho años después, seguir culpando a Calderón, a Peña y al “neoliberalismo” no es un pretexto: es un sistema. Andrés Manuel López Obrador lo inventó. Claudia Sheinbaum Pardo lo perfeccionó. Morena lo repite en cada mañanera, cada informe y cada escándalo. Con la Presidencia, el Congreso y la mayoría de los estados en sus manos, el movimiento que juró regenerar a México convirtió el pasado en comodín permanente: si algo mejora, es la 4T; si algo explota —corrupción, muertos, recetas vacías, deuda, PISA— la factura se la cargan a gobiernos que ya no firman el presupuesto. Eso ya no es debate histórico. Es una forma racionalizada de no asumir el poder que ellos mismos concentran.
Andrés Manuel López Obrador y, desde el 1 de octubre de 2024, Claudia Sheinbaum Pardo encabezan el mismo proyecto político. Morena controla la Presidencia, el Congreso y la mayoría de las gubernaturas. Cuando un movimiento concentra ese poder y sigue explicando la realidad con Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto o “el neoliberalismo de 1982”, no está haciendo historia: está eludiendo el expediente.
Lo que sigue no es un grito de tribuna. Es el contraste entre el discurso y los hechos, con nombres, cifras y casos públicos.
1. Corrupción: juraron enterrarla y ahora la administran
El pacto fundacional de Morena fue “no mentir, no robar, no traicionar”. El enemigo tenía nombre: la “mafia del poder”. El problema es que, con el tiempo, la mafia dejó de ser solo ajena.
El caso más duro no es un rumor de pasillo. En abril de 2026, la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York acusó al gobernador de Sinaloa —entonces con licencia— Rubén Rocha Moya y a otros nueve funcionarios estatales por presuntos vínculos con una facción del Cártel de Sinaloa. Sheinbaum respondió con soberanía e injerencismo. Eso puede ser una posición diplomática. No borra el dato: el golpe cayó sobre un cuadro del partido que prometió regeneración moral.
No es el único nombre. El sexenio de AMLO arrastró Segalmex, con un desfalco documentado en miles de millones. En 2025-2026 reapareció el huachicol fiscal en aduanas y estructuras de la Marina. En Tabasco, el entorno de Adán Augusto López Hernández quedó marcado por el escándalo de “La Barredora”. En Morelos, el “Operativo Enjambre” detuvo alcaldes y una consejera estatal de Morena. En Guerrero, la gobernadora Evelyn Salgado Pineda enfrenta la sombra de redes de extorsión en Acapulco. Ninguno de esos expedientes nació en Los Pinos de Peña Nieto.
La presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel Reyes, despacha las críticas como “leyendas urbanas”. Mientras tanto, encuestas como las de El Financiero han llegado a reportar que cerca del 73% considera deficiente el combate a la corrupción. Un gobierno que lleva ocho años no puede seguir señalando a Carlos Salinas cada vez que le estalla un gobernador.
2. Inseguridad: la guerra que repudiaron y la que no ganaron
Sheinbaum sigue diciendo que la “guerra contra el narco” de Felipe Calderón Hinojosa fue una farsa. Tiene razón en una parte: esa estrategia militarizó el país y disparó la violencia. Lo que no puede hacer es usar 2006-2012 para tapar 2018-2026.
El sexenio de López Obrador cerró como uno de los más sangrientos en homicidios acumulados, con más de 30 mil asesinatos por año durante varios ejercicios. Sheinbaum presume una baja de homicidios dolosos respecto al cierre de AMLO —el gobierno habla de una caída de hasta 51% en un comparativo puntual—. La oposición, con Ricardo Anaya Cortés en tribuna, replica que otras categorías de muertes y las desapariciones subieron: de unos 16 reportes diarios a cerca de 31. El debate metodológico existe. Lo que no existe es una pacificación.
La Guardia Nacional, creada por AMLO y luego absorbida por la Secretaría de la Defensa, es la prueba de que el proyecto no rompió con la militarización: la profundizó. En Sinaloa, bajo Rocha Moya, las desapariciones se dispararon. En Michoacán, el asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, y el linchamiento político posterior contra su viuda, Grecia Quiroz, mostraron otra cara: no solo hay violencia criminal; hay incapacidad política para procesarla sin convertir a las víctimas en pieza de narrativa.
Culpar a Calderón después de ocho años es admitir que no construyeron un modelo propio que funcione.
3. Salud: destruyeron un sistema y no terminaron el otro
Aquí el pretexto del pasado es especialmente débil, porque el desastre operativo es de su factura.
AMLO desapareció el Seguro Popular y creó el Insabi. Luego el Insabi naufragó y se empujó todo al IMSS-Bienestar, con Zoé Robledo Aburto en el IMSS y la promesa de “salud como derecho, no como mercancía”. Coneval documentó lo contrario en los hechos: la carencia de acceso a servicios de salud se disparó. De unos 20.1 millones de personas sin acceso en 2018 se pasó a más de 44 millones hacia 2024, según el recuento que ha circulado a partir de esas mediciones. En plena pandemia, entre 2020 y 2022, millones perdieron cobertura por el rediseño, no por Fox ni por Calderón.
El desabasto de medicamentos no es anécdota. Es la queja persistente en clínicas, oncológicos infantiles y recetas incompletas. Sheinbaum ataca al PAN cuando propone volver al Seguro Popular y pregunta si quieren “hospitales cascarón”. La pregunta inversa es más incómoda: ¿cuántos años más para surtir una receta completa? Eso ya no es herencia. Es gestión.
4. Pobreza: sí bajó por ingresos; no se resolvió el país
Hay que ser precisos, no sectarios. Coneval registró una caída importante de la pobreza por ingresos: de 41.9% en 2018 a 29.6% en 2024, unos 13.4 millones de personas. El salario mínimo subió con fuerza —Sheinbaum lo ubica en 315 pesos diarios, 153% más que en 2018— y las transferencias (Pensión para el Bienestar, Jóvenes Construyendo el Futuro, Sembrando Vida) inyectaron efectivo.
Eso es un resultado real. También es incompleto.
Las carencias de salud, seguridad social y alimentación no cayeron con la misma contundencia. El sur-sureste sigue siendo el mapa de la pobreza. Los programas son popularmente eficaces y fiscalmente cada vez más rígidos: pensiones, transferencias y servicio de la deuda se comen el presupuesto y dejan menos para inversión y servicios. Viri Ríos y otros analistas han señalado el punto: transferir dinero no es lo mismo que construir capacidad estatal. Si después de ocho años la gente sale de la línea de pobreza por un depósito y recae ante una enfermedad, el “primero los pobres” se volvió un paliativo, no una transformación.
5. Economía, deuda y Pemex: el Fobaproa que tanto nombraron ya no los absuelve
Durante años, López Obrador usó el Fobaproa como pecera moral. Sheinbaum lo sigue mencionando. El dato incómodo es el de su propia deuda.
La deuda pública total pasó de unos 10.4 billones de pesos en 2018 a cerca de 17.6 billones hacia mayo de 2025, un alza del 68%. México Evalúa calculó que cada mexicano debía en promedio más de 131 mil pesos, por encima del cierre de Peña Nieto. Sheinbaum reconoció en 2025 que AMLO se endeudó en 2024 para terminar Tren Maya, Dos Bocas y AIFA. Es decir: el gobierno que predicó austeridad republicana financió sus obras estrella con déficit.
Dos Bocas y el Tren Maya no son “lo que dejó el neoliberalismo”. Son las obras de López Obrador, inauguradas con listón y sobrancostos. El Tren Maya partió de un estimado de 150 mil millones y rebasó los 500 mil, con operación parcial. Pemex sigue como lastre: inversión a la baja y rescates recurrentes. Cuando Moody’s o una calificadora aprieta, Sheinbaum responde que viven “en el periodo neoliberal”. Las calificadoras no gobiernan Pemex. Ellos sí.
6. Educación: dos sexenios y PISA hacia abajo
Ariadna Montiel atribuyó el rezago de PISA 2025 a la pandemia. La pandemia existió. También existen ocho años de política educativa propia: la cancelación de la reforma educativa anterior, el abandono de evaluaciones, la Nueva Escuela Mexicana y la disputa con el magisterio convertido en base política.
Comparación 2018-2025: matemáticas de 409 a 388; lectura de 420 a 408; ciencias de 419 a 414. No es un milagro neoliberal al revés. Es un deterioro bajo su modelo. Culpar a 2020 en 2026 es no aceptar que la generación que hoy presenta PISA ya estudió, en buena parte, bajo la 4T.
Un país puede pelearse con la prueba. Lo que no puede es bajar en matemáticas y lectura y decir que la culpa es de Peña Nieto.
7. El discurso: la máquina de no hacerse cargo
Esta es la pieza que sostiene las otras seis.
En las mañaneras, Sheinbaum reduce el país a dos proyectos: “regresar al pasado neoliberal o continuar la transformación”. Cualquier crítica —de Ricardo Anaya, de Luis Donaldo Colosio Riojas, de una calificadora, de Washington o de un gobernador caído— entra en la misma caja. Si AMLO aparece demasiado, dice que eso es “machista”. Si Morena se agrieta, Montiel dice que la oposición escribe leyendas. Si un indicador sale mal, el responsable se llama 1982.
Ese relato fue potente en 2018. Entonces había un cambio de régimen que vender. En 2026, con casi ocho años de poder, el mismo relato se volvió un mecanismo de irresponsabilidad. Colosio lo formuló en el Senado con una pregunta que no necesita militancia para doler: si lo ganaron casi todo, ¿qué resolvieron? La corrupción sigue, la violencia sigue, las recetas faltan, la deuda creció, PISA retrocedió.
No se trata de canonizar a Fox, Calderón o Peña. Ellos también gobernaron mal en muchos frentes y también echaron culpas. El punto es otro: Morena ya no es la oposición que denuncia el Estado. Es el Estado. López Obrador diseñó el andamiaje. Sheinbaum lo administra. Rocha Moya, Adán Augusto, Zoé Robledo, Ariadna Montiel y los gobernadores bajo sospecha no son “el pasado”. Son el presente del movimiento.
Gobernar es aceptar que el reloj corre a favor de quien tiene el presupuesto, el Ejército en las calles, el Congreso y la narrativa cotidiana. Si después de ocho años el argumento central sigue siendo “nos dejaron así”, el problema ya no es la herencia. Es que se acostumbraron a no pagar la cuenta con su propio nombre.
Eso no es ineptitud mística. Es una forma de poder: mantener viva la pelea con los muertos políticos para no sentarse frente al expediente vivo.








