CDMX.- LitioMX, la empresa estatal creada en 2022 por el gobierno de López Obrador para “rescatar” el litio mexicano y convertirlo en el motor de la soberanía energética, acumula ya alrededor de 36 millones de pesos gastados —casi todos en sueldos de una docena de funcionarios encabezados por Pablo Taddei— y sigue sin producir un solo gramo comercial del mineral. Según reportes de Reforma y datos presupuestarios, el grueso del recurso se ha ido en nómina y gastos administrativos, sin partidas reales para exploración, extracción ni desarrollo tecnológico, mientras el litio permanece enterrado en arcillas de Sonora cuya explotación resulta compleja y costosa.
El contraste es brutal: mientras Chile y Argentina atraen miles de millones de dólares de inversión privada y ya producen a escala, México cerró la puerta al capital externo con el monopolio estatal y se quedó con una oficina burocrática que no genera ingresos ni resultados. Ahora, cuando China escala comercialmente las baterías de sodio —más baratas y con recursos más abundantes—, el país llega tarde a la carrera que tanto pregonó. El Programa 2026-2030 de LitioMX admite que todavía está en fase de estudios y búsqueda de financiamiento, con una hipotética planta apenas para 2030.
Es el retrato perfecto del modelo 4T: discursos grandilocuentes de nacionalización, puestos bien pagados para allegados y cero entrega de resultados. El “oro blanco” se convirtió en otra promesa vacía que solo ha enriquecido la burocracia mientras el país pierde la oportunidad industrial.
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