Oaxaca.- Petróleos Mexicanos reportó este viernes un conato de incendio en el área de Alto Vacío 1 de la planta Primaria 1 de la refinería Antonio Dovalí Jaime, en Salina Cruz, Oaxaca. Según el comunicado, el foco nació por un poro en el serpentín del calentador H-201-B, mientras la planta salía de operación para un mantenimiento programado. El cuerpo contraincendios sofocó la flama en menos de seis minutos. No hay lesionados y la empresa asegura que el complejo sigue trabajando.
El problema no es este parte de prensa. Es que Salina Cruz ya no admite la narrativa del incidente aislado. El 11 de mayo un fuego en la planta Hidros 2, durante la puesta en marcha de una torre de enfriamiento, dejó seis heridos; uno murió dos días después. En junio hubo fugas de combustóleo en el ducto Refinería-Terminal Marítima y otro incendio asociado a acumulación de gas. La misma instalación arrastra derrames hacia colonias y la bahía de La Ventosa, documentados por autoridades y vecinos.
Mientras tanto, el mismo jueves-viernes Pemex sofocaba otro incendio en la refinería Olmeca de Dos Bocas. La respuesta institucional se repite con precisión industrial: protocolos activados, no hay riesgo para la población, investigación de causa raíz. Lo que no aparece es la explicación de por qué una refinería “rehabilitada” y una planta presentada como símbolo de soberanía siguen reventando por poros, drenajes mal vaciados y mantenimiento que llega cuando el equipo ya está en llamas. El fuego se apaga en seis minutos. La negligencia operativa, no.
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