CDMX.- El PAN metió este lunes otra queja ante el INE contra Andrés Manuel López Beltrán “Andy” por presuntos actos anticipados de campaña. Los panistas —Luisa Gutiérrez, Víctor Hugo Sondón, Priscila Vera y Federico Döring— quieren que se certifiquen videos, fotos y recorridos, que se investigue de dónde sale el dinero y que se cuenten gastos, viajes y eventos. El destino no es abstracto: el Distrito 6 de Tabasco, donde “Andy” ya se perfila a diputado federal. El proceso electoral arranca el jueves 10 de septiembre. Él lleva semanas —desde inicios de agosto— haciendo casa por casa, entregando Regeneración y subiendo cada parada a redes.
Esta no es la primera denuncia. Movimiento Ciudadano acudió al INE el 6 de agosto; el PRI de Tabasco, el 17; Somos México, días después. Siempre la misma película: visitas, promoción, sospecha de recursos opacos. López Beltrán respondió entonces que no pide voto, que “informa” y que visitar casas debería ser rutina. Puede ser. También puede ser, como dice la oposición, una precampaña disfrazada de trabajo territorial. Lo que no es opinión es el patrón: el hijo del expresidente camina el distrito antes de que la ley abra la cancha, y el oficialismo lo trata como si fuera un militante más repartiendo periódico. Döring, de paso, le contestó a Claudia Sheinbaum su pronóstico de que la oposición unida no llega ni a dos dígitos: el INE, recordó, ya canceló una candidatura —la de Félix Salgado Macedonio— cuando la violación fue evidente. La pregunta no es si el PAN odia a Andy. Es si Guadalupe Taddei va a aplicar el mismo criterio o va a archivar esto como las quejas anteriores.
La crítica dura no es al apellido. Es al cinismo institucional. Si un opositor recorre un distrito con logística, video y militancia un mes antes del arranque, el INE abre carpeta al día siguiente. Si lo hace el hijo de quien gobernó seis años, la autoridad se vuelve sorda, lenta y técnica. El PAN tampoco sale limpio: convierte cada denuncia en mitin y mezcla fiscalización con el expediente del huachicol, que es otra causa y todavía no es sentencia. Pero el fondo queda: México entra a 2027 con un candidato que ya hizo campaña y con un árbitro que todavía no saca la tarjeta. Si esto no se investiga de verdad —origen del dinero, tope de gastos, sistematicidad—, la equidad electoral no es un principio. Es un letrero.
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