CDMX.- Jorge Romero, dirigente nacional del PAN, volvió este 20 de septiembre a exigir “cadena perpetua” para los llamados narcopolíticos y a denunciar un supuesto “narcopacto” que, según el boletín blanquiazul, habría entregado territorio al crimen organizado y convertido a México en un “narcoestado”. No es una ocurrencia nueva: en junio de 2026 el mismo partido ya la vendió como parte de su paquete “Soluciones para México”, junto con una megacárcel exclusiva y penas de hasta 140 años en iniciativas posteriores. El recetario es claro: el que traicionó a la gente, que no salga nunca.
El problema no es el diagnóstico de colusión entre poder y crimen —eso está documentado en más de un sexenio y en más de un color—. El problema es la selectividad. Romero apunta a Morena y pide que las instituciones “abran los ojos”, pero el PAN carga con Genaro García Luna, condenado en Estados Unidos por colaborar con el Cártel de Sinaloa cuando era el hombre de la seguridad de Felipe Calderón. Pedir prisión perpetua “sin importar el partido” suena contundente hasta que el propio historial del emisor queda fuera del discurso.
Mientras la violencia, la extorsión y las acusaciones cruzadas —incluido el expediente de Sinaloa que Washington ha puesto sobre la mesa— siguen siendo cotidianas, el blanquiazul convierte una propuesta de junio en boletín de septiembre. La crítica dura no es negar el vínculo entre política y narco; es señalar que exigir cárcel eterna para el adversario, sin rendir cuentas del propio pasado, no es justicia: es campaña.





