PAN lleva a AMLO a La Haya por crímenes de lesa humanidad: “Abrazó al narco y entregó México”
PAN denuncia a AMLO ante la Corte Penal Internacional por presuntos crímenes de lesa humanidad
CDMX.- Este domingo 7 de junio de 2026, el PAN presentó formalmente una denuncia ante la Corte Penal Internacional contra el expresidente Andrés Manuel López Obrador y varias organizaciones criminales. Acusa “pactos político-criminales” que habrían derivado en delitos de lesa humanidad: más de 200 mil homicidios, más de 150 mil desaparecidos, reclutamiento forzado de jóvenes, desplazamientos masivos y regiones enteras bajo control de cárteles. La estrategia de “abrazos, no balazos”, según el partido, no fue ingenuidad, sino una cesión deliberada de soberanía que empoderó al narco.
Los documentos oficiales del PAN, firmados ayer en la Ciudad de México, son claros y duros: no confían en las instituciones mexicanas “cooptadas por Morena” y piden que sea un organismo internacional quien investigue. Jorge Romero y la dirigencia blanquiazul lo venden como un acto de valentía: “México merece conocer la verdad”.
Pero la realidad es más cruda y menos heroica. Esta denuncia llega seis años después de que AMLO dejara el poder, en medio de un sexenio donde la violencia fue brutal e inaceptable. Las cifras duelen y son reales. Sin embargo, el PAN omite con descaro su propia historia: fue bajo Felipe Calderón —presidente panista— cuando explotó la “guerra contra el narco” que dejó decenas de miles de muertos y sentó las bases del caos actual. El PRI de Peña Nieto tampoco fue un oasis de paz. La violencia en México no nació en 2018; se pudrió durante décadas de omisiones, corrupción y pactos de todos los colores.
Ir a La Haya ahora huele a desesperación política, no a búsqueda genuina de justicia. La CPI opera bajo el principio de complementariedad: solo interviene si la justicia nacional falla sistemáticamente. México tiene un sistema judicial, por más defectuoso que sea. Usar La Haya como megáfono opositor es un circo que distrae de lo urgente: la violencia sigue cobrando vidas hoy, bajo cualquier gobierno. Y mientras el PAN posa de víctima de la historia, sus propios gobernadores y exfuncionarios han enfrentado señalamientos similares que nunca llevaron a tribunales internacionales.
Esta movida no es valentía. Es el último estertor de una oposición que, incapaz de ganar en las urnas con propuestas, recurre al espectáculo internacional. Las víctimas de verdad —las familias destrozadas, los desaparecidos, los jóvenes reclutados— merecen algo más que un comunicado panista con logos y cifras. Merecen resultados, no postureo. Y hasta ahora, ni Morena ni el PAN se los han dado.





