Nuevo León.- Una mujer dio a luz a su hija en una parada de camión, a unos metros del Hospital Metropolitano de San Nicolás de los Garza, Nuevo León, en la madrugada del 15 de octubre. Horas antes el personal la había regresado a su casa argumentando que “aún no era momento”. Familiares de otros pacientes y desconocidos tuvieron que atender el parto en la calle; los guardias, según testigos, le pedían que caminara hasta la entrada con el cordón umbilical todavía unido. Pasaron más de 30 minutos antes de que saliera personal médico.
Ese mismo día, un video de Reforma mostraba a otra paciente confesando: “Es más fácil morirme”. Explicaba que el Seguro no le surtía sus medicamentos y que había tenido que comprarlos de su bolsillo. No es un caso aislado. El desabasto ya alcanzó incluso al Hospital Central Militar de la Sedena, donde en lo que va de 2026 solo se surte el 56% de las recetas, obligando a los derechohabientes a pagar de su dinero lo que el Estado promete. Organizaciones como Cero Desabasto documentan miles de casos desde 2019, y los trabajadores del IMSS protestan en varios estados por falta de insumos y condiciones laborales.
El gobierno insiste en que no hay crisis y que el abasto ronda el 97-98% en algunos puntos, mientras ataca a quienes documentan la realidad. La herencia de la destrucción del Seguro Popular, la reducción drástica de claves de medicamentos y las deudas millonarias con proveedores se traducen en partos en la calle y enfermos que sienten que morir es más sencillo que pelear contra un sistema que les falla todos los días. Los platos rotos los pagan, como siempre, los pacientes.
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