Italia.- Enrique Peña Nieto reapareció este fin de semana en la boda del cantante israelí Omer Adam, celebrada en un castillo privado de Portofino. Las imágenes lo muestran en primera fila, con traje oscuro y kipá, sentado junto al empresario Avishai Neriah. No es un detalle menor: en julio de 2025, The Marker documentó un arbitraje en Israel entre Neriah y su entonces socio Uri Ansbacher en el que ambos hablaron de una “inversión conjunta” de unos 25 millones de dólares en “el N”, figura que el reportaje identifica con Peña Nieto a cambio de contratos con Sedena, PGR y Cisen, incluida la intermediación del spyware Pegasus.
Pegasus no fue un juguete de inteligencia contra el crimen. Organizaciones y periodistas documentaron su uso contra reporteros, activistas y opositores durante el sexenio priista. Neriah llegó a ser nombrado cónsul honorario de México en Haifa. Peña Nieto negó las acusaciones y las llamó “falsas y sin sustento”. La FGR anunció una pesquisa; un año después, el expresidente sigue libre, viajando y posando junto al mismo hombre señalado en aquellos documentos.
La escena es el retrato de un país que premia la impunidad. Un exmandatario que dejó un rastro de espionaje ilegal y presuntos pagos millonarios reaparece en la Riviera italiana como si nada hubiera pasado, mientras en México las carpetas se enfrían y los discursos de “cero corrupción” se reservan para el rival de turno. El video no es solo chisme de sociedad: es la prueba de que, para cierta clase política, el costo de gobernar con software espía y contratos opacos sigue siendo una fiesta en Italia.
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