Tabasco.- José Ramiro “Pepín” López Obrador, secretario de Gobierno de Tabasco y hermano de Andrés Manuel López Obrador, declaró este fin de semana que no buscará ningún cargo en 2027 ni en 2030. Su única aspiración, dijo, es “irme a mi terrenito a descansar”. Al mismo tiempo, sobre las pretensiones de su hermano Pío y de su sobrino Andrés Manuel “Andy” López Beltrán, que sí se registraron en el proceso interno de Morena, lanzó una advertencia: están en su derecho, pero “si no ganan, que se vayan a trabajar a otro lado”. El mensaje suena a desprendimiento. La realidad patrimonial del propio Pepín cuenta otra historia.
Según su declaración patrimonial ante la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno de Tabasco, actualizada en 2025, el funcionario es dueño de 13 propiedades (principalmente ranchos y predios rústicos que suman cientos de hectáreas), valuadas en conjunto en más de 8.6 millones de pesos. Ocho de ellas las adquirió entre 2018 y 2024, precisamente durante el sexenio de su hermano, por alrededor de 6.2 a 6.9 millones de pesos, la mayoría pagados de contado y en efectivo. En ese periodo su único empleo formal fue un cargo de subsecretario durante 22 meses. Reporta un salario de unos 89 mil pesos mensuales, no declara empresas ni otras fuentes de ingreso relevantes, y aún así sumó un tractor de 1.2 millones de pesos y 694 cabezas de ganado. Ha defendido que todo es “fruto de su esfuerzo”, pero las cifras no cuadran con los ingresos públicos declarados.
El contraste es brutal. Mientras la familia López Obrador y Morena insisten en la “austeridad republicana” y la “justa medianía”, uno de sus miembros más cercanos al poder acumula tierras y bienes con recursos cuyo origen no se explica con el sueldo de servidor público. No es un caso aislado de “trabajo duro”: es el patrón de un círculo que predica pobreza franciscana y acumula patrimonio en efectivo y contado justo cuando el hermano llegó a la Presidencia. Pepín puede irse a “descansar” a su terrenito; el país se queda con la evidencia de que, para algunos, la austeridad siempre fue un discurso, no una práctica.
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