Guerrero.- El 14 de septiembre de 2026, Morena nombró a Beatriz Mojica Morga coordinadora estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Guerrero: el eufemismo con el que el partido adelanta a su virtual candidata a la gubernatura de 2027. Lo anunció Ariadna Montiel en el WTC, con el Verde de testigo y Abelina López Rodríguez —alcaldesa con licencia de Acapulco— saliendo a decir que quien festeje celebra “la crónica de una muerte anunciada”. El dato no es menor: no ganó una elección ciudadana; ganó una encuesta interna que el partido no publicó con números ni metodología.
Lo que sí está documentado es el recule. Mojica militó tres décadas en el PRD, fue secretaria general (2015-2017), presidenta interina y candidata a gobernadora en 2015. En 2018 contendió al Senado por la alianza PRD-PAN, con Ricardo Anaya de candidato presidencial. En Tragaluz, cuando le preguntaron cuándo se pasaría con López Obrador, respondió que nunca: “No comparto las visiones autoritarias”. Renunció al sol azteca en 2019; en 2021 ya era diputada local de Morena y en 2024 senadora en fórmula con Félix Salgado Macedonio. Ayer, al recibir la constancia, agradeció a AMLO y dijo que su historia “no se entiende” sin él.
Ahí está el retrato, no el milagro de la conversión. Morena construyó su identidad denunciando al PRD como parte de la “mafia del poder” y de las alianzas que llamó traición. Hoy entrega Guerrero a una dirigente de ese mismo aparato, la misma que pidió votar por el PAN y que tildó de autoritario al hombre cuyo legado ahora jura defender. No es un caso aislado: es el método. Cuando el cargo está a la vista, el “nunca” se vuelve “siempre”, el enemigo se vuelve mentor y la 4T se convierte en refugio de quienes ayer la combatían. La militancia puede llamarlo unidad; en los hechos es otra prueba de que el partido ya no selecciona por coherencia, sino por conveniencia.
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