“Pruebas, pruebas y más pruebas”: Sheinbaum se atrinchera mientras Trump amenaza con actuar y el narco-político sinaloense sigue intocable
“¡Mándenme pruebas!”: Sheinbaum se atrinchera, defiende al gobernador de Sinaloa y acusa a Maru Campos de traicionar a México
CDMX.- En la mañanera de ayer, que más pareció un ejercicio de negacionismo repetitivo, la presidenta Claudia Sheinbaum respondió a las crecientes presiones de Estados Unidos sobre el crimen organizado. Frente a las advertencias de Donald Trump de intervenir directamente si México no cumple, y a las declaraciones del fiscal general Todd Blanche sobre nuevas acusaciones contra políticos mexicanos, Sheinbaum insistió: “Estamos actuando”, “no protegemos a nadie” y, sobre todo, “envíen pruebas”.
La mandataria presumió una “reducción de casi el 50% en homicidios dolosos”, 2,500 laboratorios desmantelados y menor flujo de fentanilo. Cifras que chocan frontalmente con la realidad que vive el país: la violencia no ha cedido de forma creíble en regiones dominadas por cárteles, y el propio gobierno anterior de AMLO negaba la existencia misma de esos laboratorios. Hoy aparecen por miles, pero sin cabezas visibles ni narcopolíticos de alto nivel tras las rejas. La incongruencia es evidente.
Lo más grave fue su referencia al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, señalado por autoridades estadounidenses. Sheinbaum repitió como mantra que sin “pruebas” no se puede actuar, ignorando el Tratado de Extradición vigente entre México y EE.UU., que obliga a detener y procesar bajo sospecha grave. Mientras exige evidencias a Washington, en México su gobierno y aliados han aplicado prisión preventiva oficiosa y bloqueos de cuentas sin necesidad de pruebas concluyentes contra opositores o ciudadanos comunes. La doble vara es descarada.
Además, Sheinbaum criticó a la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, por “colaborar con EU fuera de la Constitución” tras el desmantelamiento de un narcolaboratorio. Es decir: castigar la colaboración efectiva contra el narco mientras se protege —bajo el pretexto legal— a un gobernador de su propio partido. El mensaje es claro y peligroso: soberanía como escudo para la impunidad selectiva.
Contexto incómodo que el gobierno omite
La deuda externa neta de México ha saltado de 125 mil millones de dólares al final del sexenio de AMLO a más de 154 mil millones en marzo de 2026. La mitad de la deuda pública actual fue contraída en los gobiernos de la 4T. Mientras se gasta en programas clientelares y megaproyectos deficitarios, la seguridad sigue siendo un desastre y la presión estadounidense crece. Sheinbaum reconoce el “problema grave de consumo” en EE.UU., pero evade la responsabilidad mexicana en producción y trasiego.
Esta estrategia de dilación —reírse nerviosamente, repetir “pruebas” y culpar al pasado neoliberal— no convence ni dentro ni fuera. Trump y su fiscal no amenazan en vano. Si México no actúa con contundencia contra los nexos políticos con el narco, la intervención por “vía terrestre” dejará de ser solo retórica. Sheinbaum no está defendiendo soberanía: está protegiendo un sistema que huele cada vez más a podredumbre institucional. El tiempo de las excusas se agota.



