No hace falta el PT para que Morena gane el grueso de 2027. Hace falta para que gane más limpio, con más curules y con menos fuego amigo. Esa es toda la premisa. El resto es teatro de coalición. En 2024, de cada diez votos del bloque oficialista, más de siete fueron al logo de Morena. El Verde aportó más que el Partido del Trabajo. El PT, en su emblema, se movió entre 2.9 y 3.9 millones de sufragios: 5 o 6 por ciento nacional, cerca de 8 por ciento del bloque si se le mide con la regla más generosa. En 32 elecciones estatales de 2021 a 2024 promedió 4.2 por ciento. El Verde, 6.5. Juntos, uno de cada diez votos de la 4T. Y cuando un distrito “sale” petista, siete de cada diez votos de esa coalición local siguen siendo morenistas. Indispensable no es. Socio de margen, sí.
El amague de una eventual fractura de la alianza PT-Morena se entiende mejor con esa brújula. El PT anuncia que no irá a más destapes. Cuestiona a Verónica Díaz Robles en Zacatecas y a Beatriz Mojica en Guerrero. Habla de debate interno y de reconocimiento a su fuerza. Morena responde que no hay ruptura. Los dos hablan en código. El PT no está amenazando el proyecto nacional. Está cobrando la utilidad que sí tiene.
Porque utilidad sí tiene, y está localizada. El PT no es un partido parejo. Pesa en Chiapas y Puebla —sus mejores pisos, cerca de 8 o 10 por ciento—, y tiene estructura reconocible en Zacatecas, Guerrero, Oaxaca y tramos del centro. En el resto del mapa es un sello que viaja pegado al guinda. Por eso el forcejeo de ahora ocurre en Zacatecas y Guerrero, no en Nuevo León, Chihuahua o Querétaro. Ahí es donde el PT puede hacer ruido interno. No es ahí donde decide el país.
Donde sí le sirve a Morena es en dos pisos.
El primero, las gubernaturas cerradas. De las 17 que se renuevan en 2027, doce ya las tiene el bloque. Morena puede sostener la mayoría de esas plazas sin el PT. No puede ser tan despreocupada en Aguascalientes, Chihuahua, Querétaro y Nuevo León. Ahí 3 o 5 puntos no son cosmética: son casilla, operador, tiempo al aire y margen de error. Un PT coaligado suma. Un PT ofendido, con candidato propio, no derriba a Morena en el sureste, pero sí puede ensuciarle una elección del norte o del Bajío.
El segundo piso vale más que cualquier destape: la Cámara de Diputados. En 2027 se renuevan 500 curules. El PT no gobierna estados. Administra distritos prestados y plurinominales. Hoy anda cerca de 49 diputados y una bancada chica en Senado. Esos votos no construyen hegemonía territorial. Sí construyen dictamen, quorum y mayoría. Morena no necesita al PT para fotografiar coordinadores en el World Trade Center. Le sirve para no llegar más flaca a San Lázaro.
La asimetría explica el tono de la pelea. El umbral de registro es 3 por ciento. El PT ha vivido al filo. Con Morena sube a 5 o 6 y cobra prerrogativas por cientos de millones. Sin Morena, el voto 4T no se muda al rojo: se queda donde siempre estuvo. Por eso el PT amaga y no rompe. Un partido indispensable amenaza con irse. Un partido útil amenaza con cobrar más caro la foto.
Morena puede permitirse no ceder Zacatecas ni Guerrero. No puede permitirse convertir esa negativa en una ruptura real en los estados bisagra y en la lista federal. El cálculo correcto no es “el PT nos sostiene”. Es “el PT no nos sostiene, pero nos ahorra problemas”. En política eso también es poder: el poder de un aliado pequeño que no gana elecciones solo, pero sí puede encarecerlas.
Mientras el PT falte a un evento y no baje candidato en un estado que Morena no controle, el amague seguirá siendo eso: un recordatorio de utilidad, no de indispensabilidad. La coalición no se tambalea porque el socio chico sea el pilar. Se tensa porque el socio chico sabe, con razón, que todavía sirve.
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