Ciudad de México.— La presidenta Claudia Sheinbaum reaccionó con molestia a las críticas de Carlos Loret de Mola, que señaló que “Taddei es Morena” y que el oficialismo impulsó y arropó su llegada al Instituto Nacional Electoral. En la mañanera, Sheinbaum respondió que la responsabilidad no es de Morena: “A ella la eligió la Cámara de Diputados”. El mensaje es claro: pretender que los diputados son un ente autónomo y ajeno al partido que domina ambas Cámaras y al proyecto de la Cuarta Transformación.
El argumento es una falacia política evidente. Guadalupe Taddei fue designada el 31 de marzo de 2023 mediante insaculación (tómbola) en la Cámara de Diputados de la LXV Legislatura, después de que no se alcanzara la mayoría calificada requerida. El proceso se aprobó con el voto de Morena, PT, PVEM, PAN, PRI y PRD (460 a favor, solo MC en contra). La Mesa Directiva la presidía Santiago Creel (PAN), pero la mayoría era morenista y aliados, y el Comité Técnico había integrado quintetas con perfiles cercanos a la 4T. Taddei, con trayectoria en órganos electorales de Sonora, tenía vínculos familiares claros: prima del “súper delegado” de López Obrador en Sonora y tía del director de LitioMX.
En 2023, tanto Andrés Manuel López Obrador como Sheinbaum la defendieron. AMLO la calificó de “mujer honesta” y profesional. Sheinbaum declaró entonces: “Es una mujer honesta, además (su elección) fue por subasta, ¿qué tiene que decir la oposición? Nada”. La celebraron como un triunfo. No era una designación “neutral” ni ajena al oficialismo: era el perfil que mejor cuadraba con sus intereses en ese momento.
Durante su gestión, el INE bajo Taddei asignó la representación proporcional que otorgó a Morena y aliados 364 de 500 diputados (73 %) con aproximadamente 55-57 % de los votos, consolidando la mayoría calificada que permitió reformas constitucionales sin necesidad de negociar. La oposición denunció sobrerrepresentación; Taddei defendió el acuerdo como apego a la Constitución. Morena, PT y PVEM la respaldaron sistemáticamente en el Consejo General mientras opositores exigían cuentas por los contratos.
Ahora, ante los escándalos —contratos millonarios a empresas de José Alfredo Hernández Casillas (Cajas Graf, Zeg y otras), choferes y colaboradores como apoderados o representantes legales, videos de vínculos personales y familiares (incluido el hijo en París), investigaciones de la ASF y la UIF por posible conflicto de interés, colusión y triangulación—, Taddei renunció y Sheinbaum la califica de “buena decisión”. La mandataria ha repetido: “No debe haber ninguna sombra de corrupción en el INE” y “tiene que investigarse y ella toma la decisión para proteger al INE, de separarse del cargo, para que se haga la investigación”. Pero el intento de echar la culpa solo a “los diputados” borra que esos diputados eran, en su mayoría, de Morena y aliados, que el partido la arropó, que la defendió hasta que el escándalo se volvió insostenible, y que el mismo bloque controla hoy la Cámara que elegirá al sustituto.
Como señala Loret y otros críticos: Taddei no apareció por generación espontánea. Fue impulsada, legitimada y utilizada por el oficialismo. Cuando el costo político subió, la narrativa cambia a “fueron los diputados”. El cinismo es evidente: se apropia de los beneficios institucionales y se deslinda de las consecuencias. La Cámara de Diputados actual —dominada por Morena— será la que designe al relevo, y el Consejo ya tiene perfiles afines que llegaron en 2026 con el voto mayoritario del oficialismo. La responsabilidad política no se borra con una tómbola de 2023 ni con la frase de que “decidió el Congreso”.
La investigación de la ASF y la UIF debe continuar, sin sombras ni impunidad. Pero pretender que Morena y la 4T son ajenos a la designación y a la gestión de Taddei es una reescritura oportunista de los hechos.



