“Quiso cazar panistas y se embarró de narco”: la diputada morenista que defendió a la ebria de Cholula y ahora la regañan en su propio partido
La diputada morenista que defendió a la conductora ebria de Cholula y terminó bajo fuego de su propio partido
Puebla.- En San Andrés Cholula, Puebla, el 11 de junio una conductora identificada como Ariana Ferreriz ingresó con su camioneta a una zona peatonal del Parque Intermunicipal, impactó un poste y fue detenida por policías municipales. Los primeros videos mostraban el sometimiento en el suelo frente a sus dos hijos menores, lo que generó indignación por aparente exceso de fuerza. Pero los registros completos —difundidos después— la retratan en evidente estado de ebriedad, agresiva, resistiéndose al arresto y amenazando a los agentes: presumió conocer a un líder del narco en Veracruz, tener como pretendiente al contador de un grupo criminal y soltó nombres que apuntaban a vínculos con el CJNG y figuras políticas locales, incluyendo menciones al alcalde de Puebla, Pepe Chedraui. Lejos de “amnésica”, habló de más mientras estaba alcoholizada y puso en riesgo a peatones y a sus propios hijos.
La diputada local de Morena, Nayeli Salvatori, se colgó rápido del caso. Se reunió con Ariana, difundió videos de ella denunciando “abuso policial” y “revictimización” por la filtración de imágenes, y le abrió micrófonos para victimizarse. Quiso capitalizar el escándalo contra las autoridades opositoras o para ganar reflectores, ignorando (o minimizando) el contexto de ebriedad, violaciones de tránsito y las graves acusaciones narco que la propia detenida lanzó. El resultado fue catastrófico: la opinión pública se volteó en contra de ambas. Morena Puebla le pidió públicamente a Salvatori “conocer todo el contexto” antes de intervenir y llamó a prudencia. La dirigencia estatal se deslindó para no cargar con el fiasco.
Ariana terminó ofreciendo disculpas públicas por los hechos (aunque insistió en su versión), mientras Salvatori se justificó diciendo que “solo le dio voz” al supuesto abuso, sin condenar las amenazas ni los presuntos nexos criminales que su protegida ventiló. La alcaldesa Lupita Cuautle ofreció terapia psicológica a la “víctima” y aceptó denuncias; Chedraui salió a entrevistarse para limpiar su nombre. Al final, la estrategia de golpear adversarios con un caso a medias se revirtió: la diputada quedó como oportunista que defendió lo indefendible, Morena como partido que protege lo que le conviene hasta que explota, y la sociedad poblana con la certeza de que ni ebriedad peligrosa ni amenazas narco merecen indulgencia política barata.




