Baja California.- La senadora con licencia de Morena y aspirante a gobernar Baja California en 2027, Julieta Ramírez Padilla, salió en video a desmentir el reportaje de N+ Focus: dijo que es “completamente falso”, que no ha tenido contacto con agencia o autoridad extranjera, que no conoce ni firmó el presunto proffer agreement con la fiscalía de San Diego y que no hay investigación en su contra en México, Estados Unidos u otro país. El medio de Televisa sostiene desde el 7 y 8 de septiembre que accedió a un acuerdo preliminar para que entregue información a cambio de que esas declaraciones no se usen de forma directa en un juicio; ella replica que el papel no tiene su firma, mezcla inglés y español, oculta nombres, tiene faltas y carece de sello o folio. Claudia Sheinbaum, Ariadna Montiel e Ignacio Mier ya cerraron filas: el documento “no tiene firmas” y la nota es “una farsa”.
Eso no cierra el expediente: lo tapa con el manual de siempre. Desde enero circulan versiones —negadas por ella— de que le retiraron la visa; en julio el periodista Luis Chaparro insistió en una investigación abierta en Estados Unidos y en que políticos de Morena habrían cooperado con agencias de ese país, citando reportes del New York Times. Ramírez ha dicho que sí tiene visa vigente. Lo que sí es un hecho público es el contexto: denuncia del PAN por actos anticipados de campaña, pelea interna por la gubernatura de Baja California y, esta misma semana, un senador de Morena amenazando al periodista Enrique Acevedo por la nota, para después disculparse. Si el documento es basura, hay que demostrarlo con una respuesta oficial del Departamento de Justicia, no con un video de lealtad al movimiento.
La crítica dura no es elegir bando. N+ exhibió un papel que, a ojo de la propia presidenta, no sostiene la palabra “irrefutable”. Ramírez y su partido, en cambio, no contestan con pruebas: contestan con “guerra sucia”, “intereses extranjeros” y “pueblo politizado”. Esa es la trampa: convertir una acusación grave —colaborar con una fiscalía extranjera mientras se busca gobernar un estado fronterizo— en mitote, y convertir un desmentido sin documento de la otra orilla en acto de fe. Mientras ni Washington confirme ni desmienta de manera pública, lo que queda no es inocencia certificada: es un vacío conveniente, cubierto de lealtad absoluta y de un periodismo que todavía no cierra el caso.
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