Rebelión en el Verde: ¿El fin de la luna de miel con Morena?
El PVEM y el PT, aliados clave de Morena, han manifestado reservas ante la propuesta de reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum
CDMX.- El Partido Verde Ecologista de México (PVEM) ha decidido no respaldar la reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum, según fuentes internas. En una reunión cerrada, dirigentes y legisladores verdes acordaron que sus bancadas en la Cámara de Diputados (44 escaños) y el Senado (18) no apoyarán las propuestas del gobierno, que incluyen reducir el número de senadores de 128 a 96, elegir directamente a diputados plurinominales y recortar el financiamiento público a partidos. Sin estos votos, Morena no alcanza la mayoría calificada para aprobar cambios constitucionales, exponiendo las grietas en la coalición oficialista que arrasó en las elecciones de 2024. Esta postura llega en un contexto donde el PVEM, tradicional aliado de Morena, se siente amenazado por medidas que podrían diluir su influencia y recursos, como confirmó la reportera Leti Robles de la Rosa, quien asegura que los verdes no se “darán un balazo en el pie”.
Analíticamente, este rechazo no es aislado: el Partido del Trabajo (PT) también ha expresado reservas, con su coordinador Reginaldo Sandoval cuestionando la necesidad de la reforma al argumentar que la 4T ya controla los tres poderes. Fuentes como Ricardo Monreal, líder morenista en Diputados, admiten que sin el aval de PT y PVEM, la iniciativa está muerta, lo que podría obligar a Sheinbaum a negociar o diluir su plan para evitar un fracaso temprano en su mandato. Las reacciones en redes, como las de usuarios escépticos que ven al Verde como “mercenarios” que eventualmente cederán ante presiones, reflejan un escepticismo generalizado sobre la lealtad de estos satélites, usados para mayorías pero ahora vistos como prescindibles.
Sheinbaum defiende su propuesta minimizando riesgos, insistiendo en que preserva la autonomía del INE y no lleva al autoritarismo. Sin embargo, el timing es crítico: la reforma debe aprobarse antes de junio para aplicarse en 2027, y esta disidencia interna podría forzar retrasos o concesiones que debiliten el control morenista sobre el sistema electoral, cuestionando si la “transformación” es tan unificada como se pinta.



