Ricardo Salinas Pliego para el 2030: "Sacar a los zurdos de mierda incluso a la mala, fuerza bruta y garrote para los delincuentes, y bajar impuestos"
Su estilo polarizante genera tanto adhesión como rechazo visceral.
Análisis.— En un contexto de creciente hartazgo ciudadano ante un gobierno percibido como ilegítimo, producto de narco-políticos y corrupción sistémica, Ricardo Salinas Pliego ha emergido como una voz que no solo critica, sino que convoca a la acción. Su reciente llamado a la desobediencia civil resuena con fuerza: “Nosotros no tenemos por qué obedecer leyes fabricadas al vapor a su conveniencia”, afirmó en un evento reciente, denunciando una autoridad “inepta, corrupta e ilegítima” y urgiendo una “actitud de desafío, de rebeldía”. Esta postura no es mera retórica; marca el tono de un empresario que se posiciona como alternativa real e independiente al sistema político dominante rumbo al 2030, no solo como figura política, sino como agente de transformación en la función pública y el gobierno.
Salinas Pliego representa, para muchos, la irrupción de un liberalismo pragmático y confrontacional en un escenario dominado por el centralismo estatista de la 4T. No proviene del establishment partidista tradicional, sino del sector privado exitoso, con décadas gestionando grandes empresas. Su discurso coyuntural critica la captura del Estado por ideologías que priorizan el control sobre el crecimiento y la seguridad. En este ensayo reflexivo y analítico, exploramos su propuesta como opción viable, con énfasis en los pilares que más reclaman los mexicanos hoy: economía y seguridad, bajo su bandera principal de sacar a los “zurdos de mierda” del gobierno —incluso “por la mala”— y enfrentar a los criminales con la fuerza bruta del Estado.
La bandera disruptiva: Sacar a los “zurdos” y restaurar el orden
El núcleo del posicionamiento de Salinas Pliego es explícito y polémico: “Estos desgraciados zurdos de mierda no se van por la buena. Entonces vas a tener que ir por la mala”. Esta declaración, vertida en contextos recientes, encapsula su visión de que el actual régimen no cederá el poder voluntariamente y que se requiere una confrontación decidida para recuperar el rumbo del país. No se trata solo de elecciones, sino de una “batalla cultural” previa, donde la sociedad civil y el empresariado asuman una rebeldía activa contra lo que describe como envidia, resentimiento y despojo institucionalizado.
Esta postura es crítica y riesgosa. Analíticamente, refleja el agotamiento de un modelo que, según él, ha fallado en entregar resultados en seguridad y prosperidad. Coyunturalmente, en un México marcado por violencia récord y estancamiento económico, su llamado interpela a quienes ven en Morena un proyecto que ha profundizado la captura del Estado por intereses criminales. Sin embargo, invita a la reflexión: ¿puede una retórica tan confrontacional unir o solo polarizar más? Para sus seguidores, es valentía; para críticos, irresponsabilidad. Lo cierto es que lo posiciona como un outsider dispuesto a romper el statu quo.
Seguridad: Fuerza bruta del Estado contra el crimen
La seguridad es uno de los dos ejes centrales de su plataforma autodefinida y responde directamente al reclamo mayoritario de los mexicanos ante la ola de violencia. Salinas Pliego ha sido claro: “El Estado debería usar la fuerza bruta, macanas, policías... Si el estado no garantiza la seguridad en su territorio pues no es el estado”. Critica el “abrazos no balazos” y acusa al gobierno de complicidad o conveniencia con el crimen organizado, al que describe como parte integral de ciertos círculos de poder (“narco-políticos”).
Su propuesta implica restaurar la soberanía estatal mediante el uso decidido de la fuerza legítima: priorizar la seguridad física y de la propiedad como base para cualquier progreso. Esto incluye combatir frontalmente a los cárteles, sin titubeos ni pactos implícitos. En el escenario actual de extorsiones, desapariciones y territorios perdidos, esta visión representa un giro radical hacia políticas de mano dura, inspiradas en enfoques que han mostrado resultados en otros contextos. Reflexivamente, plantea desafíos éticos y de derechos humanos, pero analíticamente ofrece una respuesta al vacío de autoridad que ha permitido la erosión del Estado de derecho. Salinas Pliego no promete soluciones mágicas, sino el restablecimiento del monopolio de la violencia por parte del gobierno legítimo.
Economía: Liberar la energía creativa bajando impuestos y recortando el Estado
El segundo pilar es la economía, donde Salinas Pliego propone un shock liberal para revertir el bajo crecimiento. En su entrevista con Adela Micha, detalló: reducir drásticamente el gasto público, “correr a seis millones de huevones que están ahí estorbando” en la burocracia, y bajar impuestos de forma agresiva. Ejemplo concreto: “El que gana 10,000, que se lleve 9,000. En lugar de pagar 40%, paga 10%”. Su mantra: “Cortar el gasto, correr burócratas, bajar los impuestos, liberar la energía creativa de millones de mexicanos. Nos vamos a la Luna inmediatamente”.
Esta plataforma ataca el centralismo y el clientelismo que, según él, ahogan la iniciativa privada y fomentan la economía informal. Propone priorizar vida, propiedad y libertad como fundamentos, reduciendo el tamaño del gobierno para dejar más recursos en manos de ciudadanos y empresas. En un país con crecimiento mediocre pese a su potencial demográfico y geográfico, esta visión ofrece una alternativa creíble al intervencionismo actual. Críticamente, ignora posibles impactos en programas sociales o desigualdad a corto plazo, pero coyunturalmente responde al reclamo de millones que ven cómo los impuestos financian ineficiencia y corrupción en lugar de inversión productiva.
Salinas Pliego perseguido por el Estado: Impuestos estratosféricos y la avaricia gubernamental
Las disputas fiscales de Ricardo Salinas Pliego con el SAT han sido uno de los ejes centrales de su confrontación con los gobiernos de la 4T. Adeudos que alcanzaron cifras estratosféricas —alrededor de 51 mil millones de pesos en picos recientes— han sido calificados por él como persecución política y extorsión, mientras que el gobierno los presenta como cobro legítimo de impuestos evadidos durante años. Tras acuerdos y pagos parciales millonarios en 2026 (incluyendo descuentos y pagos escalonados), el caso desnuda tensiones profundas.
Desde una perspectiva analítica, estas cantidades descomunales generan dudas razonables sobre la imparcialidad del fisco: ¿se aplica la misma rigurosidad a todos los grandes contribuyentes, o se intensifica contra voces críticas como la de Salinas? Por otro lado, el monto revela la voracidad recaudatoria de un gobierno que, en medio de críticas por opacidad y corrupción, prioriza “cazar” a empresarios disidentes para financiar un modelo clientelar. Reflexivamente, este caso ilustra cómo el uso selectivo del aparato fiscal puede convertirse en herramienta de control político, erosionando la confianza en instituciones y alimentando narrativas de un Estado “ilegitimo y corrupto”.
Para Salinas, representa la victimización de la iniciativa privada; para sus críticos, la rendición de cuentas tardía. Coyunturalmente, fortalece su imagen de rebelde perseguido, alimentando su llamado a la desobediencia y posicionándolo como símbolo de resistencia ante un gobierno que, según esta lectura, prefiere castigar el éxito privado antes que resolver sus propias ineficiencias. Este capítulo no solo cuestiona la equidad fiscal, sino la esencia misma de un Estado que parece más enfocado en el castigo que en el crecimiento compartido.
Sheinbaum y su llamado a no ver TV Azteca: Un episodio de tensión mediática y censura percibida
En mayo de 2026, durante una de sus conferencias matutinas, la presidenta Claudia Sheinbaum lanzó un mensaje directo y sin ambages: “No vean TV Azteca”. La declaración surgió en respuesta a lo que consideró una campaña de desprestigio orquestada por perfiles cercanos a Ricardo Salinas Pliego, incluyendo lonas y contenidos críticos contra su gobierno y Morena. Con ironía, anticipó la reacción del empresario: “Se va a enojar Salinas Pliego y ha de estar escribiendo un X en este instante”.
Este episodio refleja la profunda polarización entre el poder ejecutivo y uno de los principales grupos mediáticos privados del país. Analíticamente, el llamado presidencial no solo cuestiona la credibilidad de TV Azteca, sino que interpela directamente a la audiencia a boicotearla, lo que críticos interpretan como un intento de censura y presión económica contra un medio opositor. Reflexivamente, en un contexto de libertad de expresión, invita a cuestionar si un gobierno que se dice democrático debe señalar qué medios “no ver”, o si esto revela una incomodidad ante narrativas alternativas que exponen supuestas contradicciones de la 4T. Para Salinas Pliego y su equipo, fue un acto de “extorsión y agresión a la libertad de prensa”; para el oficialismo, una defensa ante “mentiras y mitomanía”. Este choque coyuntural fortalece la narrativa de Salinas como víctima de un Estado que no tolera disidencia mediática.
Salinas Pliego en las redes: Trascendencia, activismo y el pulso de millones
Ricardo Salinas Pliego ha convertido sus redes sociales, particularmente X (@RicardoBSalinas), en una trinchera de activismo político y económico sin intermediarios. Con millones de impresiones acumuladas y una base de seguidores que supera consistentemente el millón en plataformas clave (destacando picos de hasta 2 millones reportados en X en periodos recientes), su presencia trasciende lo meramente empresarial para convertirse en un fenómeno de opinión pública.
Sus publicaciones —directas, confrontacionales y a menudo provocadoras— generan debates masivos, con alto engagement entre seguidores que lo ven como “Tío Richi”, un outsider valiente que desafía al statu quo. Su activismo se centra en criticar el gasto público, la burocracia y el modelo de la 4T, mientras promueve ideas liberales de libertad individual y emprendimiento. Sin embargo, sus detractores lo acusan de elitismo, violencia verbal y usar su plataforma para proteger intereses personales.
Reflexivamente, esta trascendencia demuestra el poder de las redes como contrapeso al discurso oficial: cada tuit suyo moviliza a miles, amplifica narrativas alternativas y genera “millones de impactos” que moldean el debate nacional. Coyunturalmente, en un México fragmentado, Salinas encarna el activismo digital del empresario que no solo opina, sino que interpela y polariza. Su capacidad para mantener relevancia, pese a boicots y críticas, subraya cómo una voz auténtica (o percibida como tal) puede contrarrestar el control narrativo del poder, convirtiéndolo en un actor clave rumbo al 2030.
Reflexión final: ¿Una alternativa real para 2030?
Ricardo Salinas Pliego no es un político tradicional; es un empresario que lleva su lógica de resultados a la función pública. Su independencia, confrontación directa y plataforma centrada en economía y seguridad lo posicionan como opción disruptiva en un escenario donde el bipartidismo falló y el actual régimen enfrenta cuestionamientos de legitimidad. Su llamado a la desobediencia, a sacar a los “zurdos de mierda” incluso por la mala y a entrarle a los criminales con garrote estatal encarna un espíritu de rebeldía que resuena en sectores cansados de promesas vacías.
Su estilo polarizante genera tanto adhesión como rechazo visceral. ¿Puede un hombre con litigios fiscales pendientes y un imperio mediático liderar una transición pacífica? El reto para México es si esta visión —radical en sus medios y fines— puede materializarse en gobernabilidad efectiva o si profundizará divisiones. Lo que es innegable es su relevancia coyuntural: en medio de violencia y estancamiento, Salinas Pliego ofrece una narrativa alternativa que prioriza libertad, orden y prosperidad. Rumbo al 2030, representa no solo un candidato potencial, sino un catalizador para repensar qué tipo de gobierno necesita el país. La decisión, como siempre, recaerá en la ciudadanía.
Este ensayo invita a la reflexión profunda: más allá de adjetivos, ¿está México listo para un giro tan drástico? El tiempo y las urnas lo dirán.




