Veracruz.- Un video grabado en Lerdo de Tejada muestra a la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, estrechar la mano de un trabajador y, segundos después, frotársela contra el pantalón. La escena, se viralizó como prueba de desprecio. El gesto ocurrió en la visita al Ingenio San Pedro, en medio de una gira de apoyos. El encuadre no prueba intención, pero la imagen es cruda: saludo protocolario y, de inmediato, el intento de quitarse de encima lo que acaba de tocar.
Nahle no llegó de turismo. El ingenio enfrentaba cierre, salarios atrasados y el anuncio de Grupo Porres de devolverlo a la Federación. El gobierno estatal prometió intervenir, abrir un organismo público y sostener la zafra. Habla de “pueblo”, de cañeros y de empleo, y al mismo tiempo el video la muestra caminando con camisa oficial, saludando al obrero como si fuera escenografía y limpiándose la mano como si el contacto le estorbara. Esa es la contradicción que explotó en redes: no el dato técnico del ingenio, sino el cuerpo del poder cuando se ve obligado a tocar al que dice representar.
La crítica no es menor ni caprichosa. Un gobierno que se vende como cercano no puede permitirse que el primer reflejo, frente a un trabajador de ingenio, sea restregarse la palma. Puede haber sudor, grasa o simple tic; da igual. En política el símbolo pesa más que la disculpa que nunca llegó. Mientras se anuncia el “rescate” de San Pedro, lo que queda grabado no es el decreto ni la canasta del DIF, sino una gobernadora que estrecha la mano del pueblo y se la limpia antes de seguir la gira. Eso no es un error de edición. Es el discurso de la 4T chocado contra su propio reflejo.
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